III PREGÓN MARINERO DE NTRA.SRA.DEL CARMEN 2009

Rota, 22 de Abril de 2009  (punto y final)))

III PREGON EN HONOR DE NTRA. SRA. DEL CARMEN DE ROTA

Parroquia de Ntra. Sra. de la O,  (Viernes, 10 de Julio de 2009 a las 21 horas)

Introducción:

Quiero traer a la memoria

esta noche memorable,

bajo el manto venerable

que cobije mi oratoria;

el gozo de Quién en la Gloria

nos tiende su escapulario,

exculpándonos del calvario,

que por nosotros en la tierra

le causó nuestros agravios,

el hombre, que Su amor destierra

de corazón insolidario.

Ave Virgen del Carmelo,

dulce Reina Marinera

que en los mares eres lumbrera

y resplandece en el Cielo.

Todos los hombres del mar

tienen en Tí el consuelo

de saber que tus anhelos

les protege al navegar

Porque eres aguja imantada

que trazas los rumbos avante.

eres la estrella brillante

en ocasos y alboradas.

Quiero pedirte Señora

como pregonero aspirante,

solitario navegante

en un atril entre hojas,

Que no las vea amenazantes

como encabritadas olas

en los mares tenebrosos.

Que no bailen ante la proa,

como crestas enaltecidas

con peligro de zozobra.

Que escuche a éste que implora

aplacándole el temporal,

que le asusta y acongoja,

acompañándolo a bordo

como blanca gaviota

serviola en las alturas

presta guía salvadora

cual un proel aferrado

al timón y la escota

Quiero que lleves mi barco

hundiendo toda la orza,

con el timón a la vía

y que el mascarón de proa

abra en canal los mares,

y aunque entre por la borda

me parezca agua bendita

con que bautizas amorosa

esas manos extendidas

como bauprés de una Yola.

a este velero sin rumbo

abordo con la Señora.

Virgen Santa del Carmelo

Reina de mares salinos,

las aguas se tornan en celo

cuando te ven reflejada

convertidas en espejo,

Tu Santa Faz coralina

y Tu piel de terciopelo.

Este humilde pregonero

con su trova incomprendida

pregonará sin complejos,

-aunque torpe y sin pericia-

unos versos, bien sentidos

a la Virgen mas bonita

de entre los mares y el cielo.

¡Va por ti Virgen Bendita!

–       – – – – – – – – – – – – – –

Como quiera que nos encontramos en la Casa de Dios, y acogidos bajo sus benditas manos en forma de cúpula, todos hemos de sentirnos hermanos e hijos de Dios. Permitidme por tanto, que prescinda de  protocolo, y salude a todos los presentes por igual:

Señoras y Señores, muy buenas noches y muchas gracias por vuestra asistencia.

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Es de obligado cumplimiento, comenzar, agradeciendo a mi querido presentador, Don Ángel García López, Premio Nacional de Literatura, las bellas palabras prodigadas inmerecidamente hacia mí, como viento fresco de barlovento, que preñan las velas de mi corazón marinero, entendiendo, al mismo tiempo, la responsabilidad que conlleva esta arriesgada singladura con un presentador de semejante arboladura.

Y sobre todo, con esa voz única; sosegada, profunda y llena de sabiduría, que nos recuerdan los embates constantes, incansables y parsimoniosos al tiempo, de las olas, esculpiendo los arrecifes milenarios de los Corrales de Rota..

Gracias amigo Ángel, sabes que siento en mi alma el orgullo de contarme entre tus amigos, fieles seguidores de tu persona y de tu obra.

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¡Conocer, para amar!. No podemos hablar del Carmelo, no podemos mencionar la devoción a la Virgen. Ntra. Sra. del Carmen, si no sabemos de donde viene esta advocación Mariana. Permitidme por tanto un pequeño esbozo de sus orígenes:

Cerca de la ciudad de Haifa se eleva a las alturas, el Monte Carmelo, lugar sagrado desde tiempos inmemoriales para todas las civilizaciones que lo conocieron.

A mediados del segundo milenio antes de Cristo, el Rey Egipcio Tutmosis III nombra al Carmelo como “El promontorio sagrado”.

En el siglo IV antes de Cristo, el filósofo neo-platónico Jamblico describe el Monte, como “la sagrada por encima de todas las montañas”.

Es creencia popular que la Sagrada Familia descansó en este lugar durante el viaje de regreso tras la huída a Egipto.

Sin embargo, es en el libro de los Reyes, donde el profeta Elías le otorga el sello indeleble a la historia del Carmelo.

Esta narración, localizada en el siglo noveno A.C. dice: Que  el reino de Israel estaba sumido en una gran sequía.  Elías, llamado por Dios para defender su nombre, cita en el Monte Carmelo a todos los pueblos que componían Israel.

El profeta, y los sacerdotes de Baal, edificaron sendos altares donde se ofrecerían dos bueyes en holocausto. Los defensores del politeísmo invocaron a Baal con gritos y danzas para que incendiara su ofrenda. Nadie les escuchó. Elías, por su parte,  ordenó que el altar a Yavhé se llenara de agua hasta el borde. A continuación, invocó al único Dios, e inmediatamente bajó fuego del cielo que prendió la ofrenda y evaporó el agua que inundaba el altar del holocausto.

Este pasaje bíblico sirvió de inspiración a los fundadores de la orden carmelita.

Fue un día de Pentecostés, siguiendo la estela de Elías, unos piadosos varones abrazaron la fe de Cristo, y en la cumbre del Monte Carmelo, elevaron un templo a la Virgen María, en el mismo lugar en que el Profeta viera la nube que simbolizaba la fecundidad de la Madre de Dios y rompía con el hambre y la carestía.

Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa durante el siglo XIII junto a los Cruzados.

Desde entonces, Ella sería invocada en adelante como Estrella del Mar, Faro de la Cristiandad, y Flor del Carmelo.

Ese Carmelo que Teresa y Juan de la Cruz reformaron para hacer de la unión mística con Dios, el centro de sus vidas y de la vida de la orden.

Desde entonces, miles de devotos han puesto el nombre de María en lo más alto, junto a las estrellas, para que en nuestras noches de temporal, que llega a todas las vidas, Ella sea faro, referencia y guía.

¿Qué barco he de tallar?

¿Qué sextante buscaría?

para poder alcanzar

las glorias de Ti María.

Surqué océanos y mares

para rendir pleitesía

a la Estrella no encontrada

oculta en la lejanía.

Que equivocado estaba

creyéndome Virgen mía

que tu morada, Princesa

Jamás la encontraría.

Por mucho que navegara

por ingentes travesías

ansioso de hallar tu imagen

sentí la triste agonía

de no encontrar el consuelo

de que llegara ese día

de ver destellar tus ojos,

como faro, luz y guía

posados sobre los míos,

refractando, Avemaría

tu gracia, Virgen del Carmen

de la mar; su Almirantía.

Oteaba el horizonte,

mis ojos no Te veían;

por barlovento, sotavento,

brumas, nubes, atonía,

cortina de sal en mis ojos,

penumbra, mar bravía,

tifones y tempestades,

presta la marinería;

desde la cofa al puente

todos están a porfía

por encontrar esa luz

que busco con valentía.

Que equivocado estaba

creyéndome Virgen mía

que tu morada, Princesa

jamás la encontraría.

Interrogué al firmamento

estudié cosmogonía

consulté rumbos y mapas

expertos en teología.

Pregunté a lobos de mar,

gente con sabiduría

bucaneros y navegantes,

y nadie me respondía…

Pero un viejo marinero

que en un mesón bebía

una jarra de cerveza

con la mirada perdía…

Me dijo, que cierta vez,

cuando su barco se hundía,

imploró a la Señora

con fe y con energía,

De repente cesó el viento,

se iluminó la crujía,

y vio que entre las nubes

como bella pedrería,

un escapulario dorado

que en sus manos sostenía

la Reina de los mil mares

que al implorarla acudía

a salvar a los marineros

quienes en ella confían.

En aquel momento entendí

que la Virgen, noche y día

no está en los mares oculta,

aunque esté en la cofradía,

Ella mora en tu corazón,

y espera con alegría

asirte con su escapulario

si yerras en tu travesía.

Que equivocado estaba

creyéndome Virgen mía

que tu morada, Princesa

jamás la encontraría.

Tras esta reseña sobre los inicios de la advocación de la Virgen,  Ntra. Sra. del Carmen, tendríamos que situarnos en; cómo y cuando se crea nuestra Venerable Hermandad en Rota. Se dice que:

“A finales del siglo XVIII,(18)  un grupo de marineros tuvieron la brillante idea de adquirir una preciosa imagen de Ntra Sra. del Carmen, en cuya iniciativa participaron antiguos hermanos de la desaparecida Hermandad de las Ánimas Benditas. No se habla de su procedencia, ni del coste, ni tampoco del artista que la realizó.

Posteriormente se organizó una Hermandad que, aunque se ignora si sacaba dicha imagen en procesión, sí se le ofrecía una novena y una Misa solemne  en el domingo más próximo al día 16 de Julio.

En 1873 se trasladó la imagen titular de la ermita de San Roque, a su actual Capilla en la Parroquia Mayor de Ntra. Sra. de la O, en el lugar donde en la antigüedad recibía culto la imagen crucificada del Santísimo Cristo de la Capilla.

Según se cuenta, ésta como cualquier hermandad, a lo largo de su existencia, ha tenido sus altos y bajos, llegando a contar en el pasado siglo, con enorme cantidad de hermanos y hermanas, dada la gran devoción profesada por los roteños a nuestra Titular. No obstante, debido a diversas circunstancias, se llegó a tales extremos de decaimiento, que en 1927 dejó de existir.

En l954 se reorganiza  la Hermandad y comienza nuevamente a ponerse en marcha con la celebración de sus cultos anuales y su procesión marítima por la ensenada del muelle, que cada año constituye una manifestación de gran fervor religioso y una estampa de gran colorido y belleza por la clamorosa participación de todos los marineros y la asistencia de todo el pueblo, tanto embarcada, como en tierra firme”.

Hasta aquí lo que se sabe de la hermandad, que no es mucho en verdad, si bien la simple recuperación de los exvotos que un día colgaban en su capilla, (de los que hoy, incomprensiblemente, solo queda uno) podríamos comprobar, a través de los cuales, los muchos y grandes favores que Ntra. Sra. del Carmen ha venido concediendo a los roteños, y muy especialmente a la gente marinera, a lo largo de la historia, sacándolos de multitud de apuros, y salvándolos de infinidad de naufragios.

Desde el Carmelo eclosionó

Tu advocación marinera,

surcaste océanos y mares

Virgen del Carmen, mi estrella.

hasta llegar a la Villa

como ola en la marea

para fondear tu bajel

en esta blanca galatea

de azucenas esparcidas

brotadas sobre la arena.

Rota es un vergel de amor

que enaltece en su pureza,

la advocación del Carmelo,

con refulgente estela,

que alumbra en los mares grises

y despeja las tinieblas.

María Madre y Señora

cual hermosa madreperla

única y deslumbrante

que todos quieren tenerla

te ofrecen sus corazones

como templo, como iglesia,

para guardar el tesoro,

para que seas su bandera

enarbolada en el mástil

de su fe y de su creencia.

Échanos tu escapulario

que nos salve y nos proteja

de las miserias humanas,

del pecado y la flaqueza,

del odio y de la envidia

de violencias y guerras

de egoísmos y maldades

de naufragios y pobrezas.

Que nos acompañe siempre

Tú, celosa centinela

protégenos de nosotros, mismos,

enemigos de la Tierra.

Virgen del Carmen, mi amparo,

la esperanza y tu clemencia,

apoya mi fe cristiana,

sustenta mi fortaleza,

que como tea encendida

o destellante lucerna,

son tus ojos al mirarlos

los que apagan mis tristezas,

Seas perenne protectora

de este pueblo que se aferra

a Tu manto y escapulario,

como salvadora soga

extendida como brazos

que nos saquen de las olas

en este mar de sargazos

que nos arrastra y ahoga.

No nos deje Virgen nuestra

concédenos tu indulgencia,

por poco que merezcamos

Tu perdón y Tu clemencia.

Estamos hablando del mar, de la Virgen, de la historia que la encumbra, y es verdad que nuestro pueblo sería distinto si no tuviera litoral, sino existiera esta bahía y no nos encontráramos a Cádiz enfrente, como un centinela siempre alerta: dándonos los buenos días cada mañana…

La influencia del mar en nuestra Villa ha marcado nuestro rumbo cultural, social y económico desde tiempos inmemoriales, no sólo el de los marineros que han vivido directamente del mar, sino el de los mayetos, agricultores, hortelanos, comerciantes y artesanos que se han valido de los barcos para comercializar sus productos fuera de nuestras fronteras, principalmente en Cádiz. También, a través del mar nos han llegado desde la capital, todo aquello que no disponíamos en la Villa, sirviéndose en la última era marítima roteña, de los famosos faluchos; “Barcos de la Hora”.

Pero también hay que recordar, que el mar ha arrojado sobre nuestra costas, muchos sinsabores en forma de invasiones externas, que cambiaron nuestra manera de vivir y que, si en muchos casos nos enriquecieron cultural y económicamente, en otras tantas ocasiones, nos empobreció con sus robos, secuestros, asesinatos, incendios y terribles estragos fruto de la barbarie.

A sabiendas de que nuestra  capital nos eclipsa por su importancia y en cuanto a su reconocida antigüedad, tampoco faltan referencias que hacen alusión a nuestros comienzos, por lo que deberíamos sentirnos orgullosos de poder afirmar sin temor a equivocarnos, que esta humilde Villa no surgió esporádicamente de la nada, de un día para otro en algún oscuro periodo de la era moderna, ni muchísimo menos.

Basta recordar lo mucho que se ha escrito en épocas pasadas y recientes por investigadores e historiadores, sobre Rota en la antigüedad  y la importancia que llegó a tener esta humilde Villa, muchos siglos antes de la venida de Cristo al mundo.

Como podrán entender, en un pregón, por muy extenso que éste fuera, sería imposible disertar sobre los múltiples datos y referencias escritas e investigadas, por lo que, sólo podremos pasar de puntillas sobre algunos pasajes de la historia de nuestra Villa en relación al mar, al muelle y a nuestros ancestros:.

Recordemos pues, a estos efectos el primero de los nombres que se atribuyen a nuestra Villa: Astaroth, el “Rompiente de Asta”,  por el que, según recoge en su obra el infatigable investigador don José Chacomeli, era conocido nuestro pueblo por tartesios y fenicios, con una antigüedad entre diez y quince siglos antes de la Era cristiana, quien también añade que “Astaroth” era el nombre primitivo de Rota, uno de los puertos principales de acceso a Asta Regia, la  capital de Tartessos.

Otro  investigador, el Padre José del Hierro, afirma, que Rota fue construida sobre la antigua ciudad de Tartessos, añadiendo que: el mar se ha comido mucha tierra y que muy adentro se ven ruinas”

Igualmente, Rodrigo Caro, en una publicación de 1634, da cuenta de que Rota era el puerto de Asta, y que su nombre se justificaba por un enorme peñasco o islote frente a nuestra costa, y tenía una gran cavidad, a la cual se le conocía como: “La Cuba de Rota” donde el viento y las olas producían en ciertas circunstancias, un fragor o trueno prolongado que se oía en más de quince leguas tierra adentro, cuya roca podría haberse situado frente a la playa de la Costilla, pudiendo ser sus actuales restos, la “Piedra de la Manzanera”.

También, el Padre Mercedario, Pedro de San Cecilio, en alusión a lo vertido por el Geógrafo Griego Pausanias nacido en el siglo V, antes de Cristo, refiriéndose a Rota, cuando cuenta que: “Esta y no otra fue la celebre ciudad de Tartessos”.

Hay mucha gente que piensa, al igual que yo, que la verdad de la antigüedad de Rota y su historia continúa aún soterrada o sumergida, por lo que confiamos que en cualquier momento aparezcan los oportunos vestigios que aporten las pruebas de lo que hoy es sólo teoría.

Los que, como yo, somos aficionados al buceo y conocemos muchos de los fondos marinos de nuestro litoral roteño, podrán haber visto al igual que yo,  ciertas piedras labradas por la mano del hombre en el “Bajo de Miguelejos”, frente al espigón de la Costilla, o en los “Bajo de los Muelles de dentro y Muelles de fuera”, frente al “Picobarro”o Playa de Galeones (ese “Picobarro” que se nos desmorona ante la impasibilidad de todos).  Habría que preguntarse si algunos de esos vestigios, son a los que se refiere el padre San José del Hierro al hablar de “unas ruinas que se pueden ver mar adentro”.

Indiscutiblemente Tartessos es uno de los enigmas más grandes de la historia, en cuanto a su existencia y desaparición, pero no debemos olvidar que supuso un famosísimo emporio mercantil y metalúrgico en la Antigüedad -amigos de griegos y fenicios y traficante con púnicos y hebreos- y que nuestro muelle fue uno de aquellos, como lo fue Puerto de Menester, por los que circuló toda aquella riqueza comercial que debió suponer el reino de Tartessos, como bien recoge en su obra “Specvlvm Rotae”, el insigne investigador y escritor, paisano nuestro, don Francisco Ponce Cordones.

Raíces ancladas bajo el mar, tal vez…

Quien sabe si en las profundidades de los distintos estratos de la Madre Tierra,

Me gustaría escarbar en la memoria ancestral de nuestro legado,

perdido en el oscuro inicios de los tiempos…

Un sueño maravilloso donde fondear mis sentidos,

Es la curiosidad que me arrastra,

Es el flujo sanguíneo de mi alma

por mi Patria chica; Rota por siempre…

Nuestro pueblo, nuestra villa, nuestra aldea…

tal vez cabañas, probablemente, chozas y barracas

donde se refugiaban de los temporales y de los vientos

los primero roteños, de quien sabe cuando…

¿Cómo fue la protohistoria de nuestro pueblo?

¿Nos sirve de algo conocerla?

¿A quién interesan esas primeras pinceladas, esos amorfos bosquejos…?

Me pregunto; ¡Que interesante sería ver unos planos,

aunque fuera borrosos;

de esas playas, de esas rocas, de esas dunas…

de esos campos llenos de flores y frutos silvestres,

El hombre frente a la naturaleza virgen

¡todo por hacer! o todo hecho…

Bendito proyecto para un arquitecto enamorado de la obra Divina del Gran Jefe.

Pasan los años lentamente, sin prisas…

y llegan gente foránea que se quedan extasiada,

anonadada del paisaje; se establecen.

Y comienzan a venir otros; y negocian,

y traen semillas desconocidas,

herramientas distintas; el arado, sistemas de siembra, artes de pesca,

de extracción del agua,

de la molienda,

aprovechan los vientos

le da forma al barro,

a los metales…

Aparece Tartessos; otra historia…

Todo es un sueño en tres dimensiones,

Pero la vida sigue, y aparecen otros,

y luego muchos más, y arrasan…

Los roteños recomponen para nuevas invasiones,

estos nativos arcaicos, sigue en su lucha;

con su pesca, con sus campos, con su comercio,

con su mar y con su puerto…

Siempre el mar,

siempre los barcos de la Rota marinera

Y continúa gustando la Villa a nuevos intrusos,

y pasan los siglos y Rota se mantiene al pié del yunque,

y no la amedrenta el enemigo…

Algún día se cansaran (piensan equivocados)

Pero los siglos pasan como rachas de poniente.

Por fin aparece el sosiego, la calma, la parsimonia,

la Rota en paz, asomada al balcón de la bahía

mientras el levante acicala su hermosura…

Y al llegar ese día,

cuando parecía que todo era historia olvidada,

Rota siguió gustando a nuevas gentes

para seguir siendo la Villa protagonista en el mundo.

Y a Rota se les confiscaron sus campos,

y condenaron al éxodo a los campesinos

hacia tierras salitrosas e incultivables,

el sudor del roteño fue pagado con divisas allende los mares,

y se le sometió al servilismo y a la pleitesía…

Se dice que la historia se reitera inexorablemente de por vida…

Sin embargo, Rota queda ahí;

expectante

Impávida,

arrinconada,

mirando su futuro incierto.

Pero, como siempre, humana,

sufrida,

servicial, sumisa,

utilizada, ofendida…

Y así continúa escribiéndose su historia,

en el Debe y en el Haber;

con números rojos

de la cuenta de resultados

Que consta en su libro de bitácora,

como, el de un barco desarbolado,

errante en la Bahía…

esperando infructuosamente

que nuevos vientos insuflen las velas imaginarias

colgadas sobre vergas inexistentes…

Quien sabe, si en la reencarnación de los tiempos

alguna vez en la vida,

la historia de Rota no se repita, por siempre…

Pero el mar, impertérrito, continuó sirviendo de acceso a romanos y musulmanes que se llevaron riquezas del mar y del campo, pero gracias a sus asentamientos, nos dejaron obras de arquitectura e ingeniería, así como cultura y técnicas para el cultivo y para la pesca, como lo podemos ver reflejado en los Corrales Marinos o las antiguas almadrabas.

Tras la reconquista por los castellanos y la expulsión de los musulmanes, el resto de las invasiones sólo trajeron desgracias por parte de turcos, ingleses, holandeses, franceses, etc. La disposición de un muelle a mar abierto de fácil atraque, que en tiempos normales era un recurso importantísimo para la flota pesquera y comercial roteña, para los invasores suponía al mismo tiempo, todo un lujo que no podían desaprovechar para perpetrar sus fechorías.

La Villa de Rota ha sido protagonista en la historia de Europa y del Mundo en multitud de ocasiones gracias a su enclave, como fue por ejemplo, en 1559, cuando unos turcos entraron por sorpresa en la Bahía, arremetiendo contra la galera capitana de Álvaro de Bazán  fondeada en Rota y la quemaron junto a otras embarcaciones menores que la acompañaban.

Esta afrenta naval, supuso la chispa que, brotando en nuestra ensenada, desembocaría en la conocida “Batalla de Lepanto”, donde el enemigo turco quedó totalmente derrotado, perdiendo más de 200 barcos y 30.000 hombres.

Más tarde, concretamente el 23 de Agosto de 1702 una flota combinada de Ingleses y Holandeses atacaron a Cádiz y a los pueblos de la Bahía, incluido Rota, suponiendo la invasión que más estragos padeció nuestra Villa, la cual fue robada, incendiada y devastada todas las riquezas existentes, y destruyendo, asimismo, los archivos del pueblo.

Cien años más tarde, en la Batalla de Trafalgar, de nuevo Rota fue protagonista en distintos frentes, como fueron: la aportación de marineros como dotación de la flota española, así como en la defensa por mar contra los barcos ingleses, que tras la batalla principal, se adentraron en la bahía persiguiendo a nuestros navíos y a los que nuestros bravos marineros, a pesar del tremendo temporal de levante, repelieron al enemigo con sus humildes embarcaciones, a las que se les acoplaron pequeños cañones.

La velocidad de sus laúdes y faluchos a vela, esquivaban con destreza las descargas de la flota enemiga, mientras que por su parte, nuestra gente haciendo fuego en la línea de flotación de los potentes barcos ingleses, aunque lentos en su maniobrabilidad, obligó a éstos a emprender la retirada.

Además de combatir, estos marineros roteños, llevaron a cabo una importante labor humanitaria, al recoger del mar a los náufragos, para luego socorrerlos en las playas, sin tenerse en cuenta ni eran enemigos o de los nuestros. Una muestra más de las virtudes solidarias de nuestro pueblo.

Posteriormente, la invasión francesa de mil ochocientos, también Rota se vio sometida por las fuerzas invasoras, que se llevaron  lo poco de valor que aún quedaba en el pueblo.

Esto no es más que un simple esbozo del protagonismo de la Rota marinera en la historia.

No obstante, desde mi punto de vista, creo que el hecho más importante en la historia local, lo protagonizó un célebre marino roteño, como fue Bartolomé Pérez, quien, según se recoge en el documento girado a este ayuntamiento de Rota, el 28 de agosto de 1892, sobre los estudios realizados en el Archivo General de Indias del Ministerio de Estado, se reconoce, que nuestro insigne marino, viajó con Cristóbal Colón en su primer viaje en el descubrimiento del Nuevo Mundo, y que en su segundo viaje, junto al almirante Colón, fue piloto de la Nao San Juan, cuyo acontecimiento da fe, la placa, que a tal fin, mandó realizar el ayuntamientote con motivo del cuarto centenario del Descubrimiento y que actualmente se encuentra en la fachada del Castillo,

Por desgracia, los roteños no le damos importancia a nuestros hijos ilustres, ni tampoco le sacamos partida a este singular protagonista, que a pesar de su gesta, sigue sin ser profeta en su tierra.

No se si es obsesión mis sentimientos,

cuando miro desde el mar tu lozanía,

asomada al brocal de la bahía,

como amante  Rosa de los Vientos.

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Como sirena varada y expectante,

mi Rota, con cara limpia de niña buena

mira al mar y sonríe.

Aquellos tiempos de veleros esperados,

rutas, singladuras,

nostalgias que traían velas preñadas

del levante siempre vivo…

pasan su estela,

por la mente despejada de mi Villa

que se adentra en el mar

como presumida damisela,

temerosa de besar sus pies de cal

las redes de sal tejida.

El horizonte; una valla que oculta las distancias:

Islas afortunadas, África, las Indias…

las Américas de Bartolomé Pérez;

navegante intrépido, en el recuerdo anclado,

es el paisaje melancólico que bulle

en el subconsciente amarillo

de legajos carcomidos,

escondidos en los arcaicos pliegues

de efímeras estelas desdibujadas

en nuevas singladuras.

Desde la cofa oteadora del palo de mesana,

anota la historia de los tiempos;

bergantines, galeones, corbetas, fragatas,  goletas

que cruzaron mil veces la Bahía partiendo de tu insipiente

puerto,

donde antes fondearon tartesios,  fenicios venidos de Tiro,

vándalos, romanos, visigodos, turcos y bizantinos,

que dejaron cultura y mestizaje.

Rota, mi palabra vuela como gaviotas

sobre el pentagrama de tus encantos,

arrancando notas de ternura, de amor, de fidelidad…

mientras tanto, otras playas; otras historias,

donde los barcos siempre fueron protagonistas…

Muelles, de dentro, muelles de fuera,

Piedra del Caballo, Baifora…

batallas perdidas y ganadas, barcos encallados, playa robada…

Puerto fenicio,

dormido en las profundidades de la indiferencia

entre la bruma de las distancias inalcanzables,

que es la conciencia huidiza….

Por eso, yo quiero esta noche, invocarte Madre del Carmelo,

para que las mentes se abran.,

para que esas conciencias despierten

para que los ojos con iris opacos,

se manifiesten nítidos a las imágenes del futuro ausente…

Un día tal vez veamos un Museo del mar sobre un navío,

un acuario con  peces que merodean nuestro litoral,

una piscina natural adaptada,

una Bahía aprovechada con ideas que saquen del embelezo,

de la atonía, del paro a los roteños.

quizás la vuelta de una fabrica de conservas

traiga a nuestro recuerdo una difusa remembranza…

Esto y mil cosas más están atadas a la indiferencia

como Bartolomé Pérez a su pedestal de granito.

pero, tal vez hoy, podamos colgar,

como un nuevo exvoto en Tu capilla, Madre,

el milagro de la apertura del entendimiento,

que entre, como vientos propicios por barlovento,

estimulando el velamen que hasta ahora, flamea,

de la nave que dirige los patrones roteños,

desde el puente inanimado de este velero al pairo,

que evoca las derrotas,

por los mares de la insensibilidad dormida.

Volviendo de nuevo a la historia del muelle y de los marineros, podemos decir, que en nuestra época mas reciente, una vez eliminado por nuestras defensas marítimas, los residuos que quedaban en la Bahía pertenecientes a grupos de incontrolados piratas, en su mayoría berberiscos, la flota pesquera y la comercial, retomó sus funciones, saliendo a pescar fuera de nuestro litoral y llevando nuestros productos a capitales importantes como: Cádiz,  Sevilla, Huelva, Ayamonte, Tarifa, Málaga, etc. Así como a  países tales como la llamada “costa del Moro” en África, y Portugal.

El trasporte marítimo de mercancía se fue fortaleciendo, contándose en Rota en los años del novecientos, con una importante flota de faluchos comerciales y de cabotaje, así como muchísimos barcos destinados a la pesca en pareja, palangreros, de trasmallos, etc.

Me gustaría contar una pequeña anécdota que le sucedió a uno de los muchos armadores que había en Rota, donde quedó demostrada la gran vocación que los marineros le han tenido siempre a nuestra Titular, la Virgen del Carmen.

Este señor fue bisabuelo mío, por parte de madre, llamado Manuel Chirado, apodado “El Séneca”, quien con su barco (un Laud) bautizado con el nombre de “María”, cargado con mercancía del campo roteño, se dirigía a la “Costa del Moro”, durante la travesía les sorprendió un terrible temporal, “El Seneca” y el resto de la tripulación se encomendaron a la Virgen, y según cuenta su nieta, María, (de haberlo escuchado de sus padres), la Virgen del Carmen se les apareció, y tras esa Santa Visión, amainó el temporal, pudiendo llegar sanos y salvo a África aunque hambrientos y en un estado de total desfallecimiento.

Por supuesto que toda la mercancía llegó estropeada e imposible de vender, pero, gracias a la ayuda de un nativo (al parecer, de oficio barbero que se  apiadó de la dotación) y les ayudó, pudiendo reponer fuerzas y regresar a Rota

Desde aquel día, “El Séneca” no volvió jamás a embarcarse, como promesa que le hizo a la Virgen, permaneciendo en tierra como armador que era de una importante flota de faluchos y laúdes destinada a la pesca y al cabotaje.

Como pueden comprender, no podemos nombrar, a todos los marineros y armadores de la época, pues eran innumerables, no obstante podríamos mencionar a algunos, que si que les pueden sonar sus apodos a los marineros mayores, como por ejemplo: Antonio Delgado “Pescailla”, José Sánchez, “Salía”, José Suero “Manolón”, Pedro Rodríguez ”El Panzúo”, Antonio Arjona “Canani”, José Rebollo “El Taita”, José Mateo “Sandimas”, Manuel Pazos., “Pizarro”, etcetc…

Al llegar aquí, tengo forzosamente que traer el recuerdo de aquellos tiempos, cuando los barcos llegaban con sus capturas y eran vendidas directamente en la surtía del antiguo muelle Pesquero “Jose María Pemán” frente al restaurante de Alonso Camacho, mientras el carpintero de Rivera, Paco Gabriel colocaba las cuadernas a un nuevo falucho…

Y tiempos, cuando aún muchas mujeres vestían, por alguna  promesa hecha a la Virgen, el hábito de la Hermandad. También se ha perdido aquella bendita frase que habitualmente se utilizaba en Rota, cuando se deseaba algo importante, y que decía: “Dios lo quiera y la Virgen del Carmen”.

Porque la Virgen del Carmen siempre estaba a flor de labios, en la boca de los roteños.

Muchos de estos bravos marineros, diestros en el manejo de la vela y sabios patrones que se guiaban por su instinto y rudimentarios sistemas de navegación, se sentían amparados por la Virgen del Carmen, que guardaban celosamente en sus corazones, como su Madre Protectora.

Y si queda alguna duda, podéis preguntárselo a marineros de hoy, descendientes de aquellas estirpes de nuestro antiguo muelle, como son los pertenecientes las sagas de los: “Colorao”,”Chasquito”, “Pelo”, “Pipa”, “Choco”, “Pelota”, ”Chamariz”, “Muito”, “Portela”, etc. etc.

Hombres de acero fundido

buscan en el mar el sustento

abordo de sus barquitas

con un futuro incierto

cada mañana de gloria,

enchando sus redes al huerto

y rogando a su Patrona

que la cosecha en proyecto

sea fértil y provechosa

En tierra o embarcados

con sus artes y aparejos

oteando el horizonte

con la mirada en el Cielo

luchando con los temporales

o amenazantes vientos,

aunque asidos estén al timón,

su corazón marinero

navega por otros mares

con la Virgen del Carmelo.

Muchas millas navegadas

cientos de puertos extranjeros

comerciando los productos

de los humildes mayetos.

Navegando siempre a vela

sus barcos iban escribiendo

romances en las estelas

pareados y sonetos,

bellas décimas y quintillas;

los más encendidos versos

Perdidos en la lejanía

guiados por los luceros

corta la proa del barco

tifones y malos vientos,

abajo, el peligro oculto

y arriba un negro cielo.

Los rayos iluminan el mar

todos temblando de miedo,

y aunque el barco sigue avante

temen no llegar a puerto.

Cómplices con la mirada

como buscando consuelo

una plegaria aflora

en los labios marineros

temblorosos y susurrando,

todos rezan en silencio

apretando sus escapularios

de la Virgen del Carmelo.

Retomando el hilo de la historia contemporánea de la Hermandad,  os puedo contar brevemente mi experiencia como secretario, cuando me solicitaron que colaborara con José María González de la Higuera y con Francisco Carrascal, las únicas personas que conformaban la Junta Gestora de la hermandad, junto a la fiel hermana camarera Dña. Regla Rodríguez, que con tanta delicadeza viste a nuestra Titular y cuida con el mayor celo sus enceres, y al no menos extraordinario hermano devoto y  capillero Juan Pruaño Sánchez, ya que en esos momentos la Hermandad estaba pasando por una delicada situación.

No pretendo enumerar el humilde trabajo que en esa fecha se hizo, pero si me gustaría hablar de una cosa en concreto, que tal vez no todo el mundo sabe, y que nos ilusionó en principio, aunque la fatalidad acabó con todas nuestras expectativas, y se trata de que, el Alcalde de aquella fecha, don Felipe Benítez Ruiz-Mateos estaba llevando a cabo una gestión y, necesitaba imperiosamente del apoyo de la hermandad para afianzar un proyecto, que no era otro que la construcción de un puerto pesquero.

Cursamos desde la hermandad diversas cartas al Director General de Puertos, don Sabas Marín, apoyando la iniciativa, ante la necesidad imperiosa de un muelle de refugio para el colectivo de marineros.

El director general nos contestó positivamente, dándonos una fecha para desplazarse a Rota con el fin de conocer in situ la situación y dar luz verde al comienzo de las obras, en cuanto la documentación y financiación estuvieran finiquitadas.

Había una gran expectación entre los marineros que veían que por primera vez la ilusión de un puerto nuevo iba por fin a ser una realidad, pero ocurrió, que cuando ese día esperábamos al Sr. Director de Puertos, que por cierto era de Córdoba, nos llamó el Alcalde para informarnos que, tanto dicho señor, como su esposa habían fallecido tras un trágico accidente de coche cuando salían de Córdoba hacia Rota.

Aquello causó un tremendo impacto entre el colectivo, tanto por el fatídico accidente, como por las esperanzas puestas en un proyecto que parecía mentira se fuese a ejecutar.

Ni que decir tiene, que una vez nombrado el nuevo director general, éste no estaba por la labor de continuar los proyectos de su predecesor, por lo que todo se nos fue a pique.

Los marineros de Rota hubieron de esperar veinte años más para que por fin se construyera el nuevo puerto pesquero y deportivo de Rota por la Junta de Andalucía.

Tus miembros extendidos, Rota,

sobre el oro molido de tus playas de luz y sales,

parecen un puñado de pétalos de rosas blancas

arremolinadas por la brisa marinera…

Porque  Rota es la novia del mar,

vestida de gasa y salcillos coralinos;

con traje de azucenas que la brisa balancea

retando al viento del amanecer a porfía;

desafías al levante, al poniente,

a los aires sureños de carabelas esperadas

desde las torres vigías, serviola

de los cuatro puntos cardinales de mi alma.

Al amanecer, Rota larga sus velas

y descorre las cortinas del escenario azul zafiro,

abriendo a la aurora sus brazos,

maquillando las flores al sol,

y perfumando de yodo y algas,

de erizos y anémonas,

de gorgonias y corales,

de romero e incienso, el inconfundible olor a Rota…

A lo lejos, un soñoliento astro,

que no quiere dejar de contemplarte en las alturas;

se desliza en su órbita elíptica,

dorando a su paso los rubios cabellos de tus playas

que salen y entran en el mar,

y luego, como la parva del trigo,

las seca al viento…

Miro los atardeceres donde el sol rubrica con sangre

sobre el espejo platino de mi Rota,

la promesa de volver al siguiente día

que yo, ansioso espero de nuevo, la eclosión solar

por entre los pinos del Chorrillo.

A sotavento, cada tarde, el sol pinta un cuadro cambiante,

de etéreos impresionistas,

con pinceles que cincelan…

sosegados paisajes  relajantes.

Diviso Punta Candor en la bruma,

donde se apoya la paleta salpicada del arco iris,

mientras la luz se viste de salmón, violáceo, rojizo

y aterciopelado a modo de redes enmarañadas,

que caen en cada instante, como el telón de un teatro

que impaciente espera el espectáculo,

con las candilejas encendidas.

Y en el foso, la música de fondo

de miles de violines acuosos,

de esos Corrales marinos de los que emanan la fragancia

de los mares en puro litigio, con los perfumes

de los pinos, de las retamas, de las acacias,

y el perenne verde-mar del lentisco navideño.

Nuevas pinceladas de oro fundido,

dan textura a las crestas repujadas de los arrecifes;

la Laja de en medio, la Fragata, el paso del boquerón,

la manzanera…

Rota, monta sus atrezos cada anochecer,

decorando con bambalinas de percal,

los cabellos azabaches de la penumbra,

mientras la luminaria estelar perfora la bóveda

de los dioses, como luciérnagas suspendidas

a manera de diadema, en el etéreo sinfín del universo.

Y rodeando ese mar y esas playas,

la quietud inunda las casas del pueblo,

al tiempo que la Luna

embadurna sus azoteas con mercurio fundido,

creando en la ropa tendida que balancea la brisa que bosteza el mar,

sombras fantasmagóricas

sobre el laberinto de pretiles por donde se pasean los gatos.

A veces, el Sol desaparece asustado,

y en otras, abre pequeños postigos en las grietas de las nubes

como las ascuas encendidas de la antigua fragua de Agujeta,

despidiéndose del día,

cuando el candil se apaga, gateando

por el barandal del horizonte que abaliza la Costilla…

Permitidme ahora para terminar, que os hable de otro hecho importante que ha marcado un ante y un después en la economía del colectivo marinero, y que no fue otra cosa que la Cooperativa de Marineros del Mar de Rota, de la que tuve el orgullo de forma parte del equipo fundacional, junto a otros dos compañeros, como son, Juan Reales Román y Antonio Galea Ramos, hace de eso veinticinco años, y que hoy aún existe como pilar fundamental del sostenimiento del colectivo, cuya iniciativa la llevamos a cabo de manera altruista y con el acuerdo por nuestra parte, de no aceptar ni pescados, ni regalo alguno; como así fue…

Nos dio mucho trabajo, pues, si conseguir un local y la imprescindible financiación fue difícil, peor lo tuvimos para aunar voluntades entre los beneficiados, hasta concienciarlos de la importancia que les suponía agruparse en cooperativa.

Muchos recordarán a aquellos marineros pregonando por las calles: “A CABAO´ PESCAAAAAAAAAAAAA”, con una canasta en ristre…

Pues bien, antes de la creación de la cooperativa, los marineros se veían en manos de los intermediarios que les pagaban irrisorias cantidades por sus capturas, por lo que los pescadores, para sacar mayor beneficio, se veían obligados a vender de puerta en puerta pregonando su mercancía, incluso con la ropa mojada, para conseguir cuanto antes, unas pesetas que llevar a su casa.

Hoy, tras la construcción de la nueva lonja, la venida de las veintitantas nuevas embarcaciones,  y tras algunos altos y bajos, creo que la Cooperativa goza en estos momento de buena salud, gracias a la gestión que ha llevado a cabo don Antonio Franco, primer administrativo que tuvo la cooperativa y que luego, como gerente, arropado por su extraordinaria experiencia y bien hacer, consiguió reflotarla de nuevo, aunque en la actualidad, lamentablemente, se ha visto obligado a marcharse de la cooperativa.

Además de todo eso, como ideas para potenciar el sector, no pierdo la esperanza de ver algún día en Rota la creación de nuevas fábricas de conservas, incluida alguna dedicada al manufacturado del erizo de mar, corvinas y otras especies y como no; la explotación turística de nuestra bahía.

Y es que; soñar cuesta tan poco…

Y ahora, antes de finalizar, permitirme que agradezca públicamente a la Banda de Música de la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y al Orfeón Virgen de la Escalera, por habernos hecho navegar esta noche, por los mares del Olimpo, enamorándonos a todos, como quedó prendado Eurídice, con los arpegios de Orfeo.

Agradecer también, el apoyo, como siempre, recibido de mi buen amigo don José Antonio Martínez Ramos, Cronista Oficial de la Villa, y asimismo, mi agradecimiento a don Francisco Ponce Cordones, por su aportación bibliográfica.

A la Hermandad de Ntra Sra. del Carmen, por su confianza puesta en mí,  y a todo el colectivo de marineros que un día me permitieron, junto con otros compañeros, darles un venturoso golpe de timón a su futuro.

Por otra parte, mi recuerdo y mi plegaria elevada al Cielo, para Manolo, y mi agradecimiento y mi amor sincero a Leonor, mi mujer, que junto con mis hijos: David, Victor Gabriel y Oscar, sus respectivas esposas: Chari, Inma y Denia, mis nietas Martina y Ariadna, y el resto de mi familia, a quienes tengo que agradecer infinitamente, el apoyo que me deparan siempre, en todas mis humildes iniciativas.

Ya va saliendo la Estrella

el muelle está a reventar

las campanas tañen locas,

y el paso, a pasito va

portado por costaleros

de esta fiel hermandad.

Cada dieciséis de julio

esta cuadrilla especial

porta a su Virgen bendita

llevándola hasta el mar

a la Reina del Carmelo

tan blanca como la sal

que nos bendice embarcada

con sus manos de cristal.

Al pasar por el Castillo

se escucha a un hombre llorar

asido a un timón de piedra

que no se puede zafar

¿No es  Bartolomé Pérez

cuyas lágrimas es un mar

que llora desconsolado

por no poder acompañar

a la Capitana Excelsa

que éste, un año más

la contempla apenado

preso en su pedestal?

María fija al marino

esculpido, sin acabar

sus ojos llenos de gracia

prometiendo en su mirar

que pronto el Consistorio

le dará la oportunidad

de hacer realidad su sueño,

y poder al fin cruzar

con una Nao a vela

con turistas de ultramar

esta Bahía de Cádiz

que no sabemos explotar

El cortejo sigue su curso

hacia el muelle, es un caudal

de gente que acompañan

a su Virgen hacia el mar

Ya se acerca al espigón

el barco amurado está

esperando que embarque

la misma Reina del Mar.

Los devotos marineros

con toda celeridad

fijan la Virgen en la proa

y la brisa besa su Faz.

Paseando por la Bahía

quieren los devotos escoltar

a la que es todo alegría,

la que es Patrona del mar.

Con sus blancas embarcaciones

entablan la  rivalidad

de amurarse al costado

del barco procesional.

Banderitas de colores

compone la plasticidad

como jardines espontáneos

de gorgonias y de coral

suspendidos en las drizas

de los barquitos al pasar.

Llegan a la “Manzanera”,

bajan a la profundidad

expertos buceadores,

con ánimos de  perpetuar

a la gente fallecida

trabajadoras del mar

El sol se va arrodillando

clavando su quilla en el mar

y en los espejos del agua

apaga su rayo inmortal.

No te lleves toda la luz

que nuestra Madre Virginal

aún está navegando

y tiene que regresar,

-cuando atraque su barco-

a la iglesia parroquial

La Virgen ya toca puerto

la música irrumpe el umbral

vuelve la Señora al paso

los costaleros echan a andar

entre gritos y aplausos

sudando el blanco costal

bajo los pies de la Virgen

juntos, comienzan a rezar

una Salve marinera

a Esa Patrona inmortal

que protege a los marineros

de marejada y temporal

y acude al invocársele,

Nuestra Madre Celestial

Las campanas siguen tañendo

e Isidro en su pedestal

impaciente está a la espera

de ver regresar a su altar

a nuestra Virgen del Carmen

tras su recorrido anual.

Bendita Tú, Reina del Carmelo

donde el mar lame tus pies

y tus cabellos peinan los vientos

sobre el verde-mar de tu hornacina.

Gracias Virgen del Carmen,

por haberme permitir nacer y vivir

en este Paraíso llamado Rota,

donde quiero nadar un día lejano,

perennemente diluido,

entre las olas rutilantes de mi Bahía.

Muchas gracias a Vds. y muy buenas noches.


Prudente Arjona Lobato