EL LIBRO DE LA VIRGEN DEL CARMEN



SAMAEL AUN WEOR

PRÓLOGO

Desde que salió a la luz esta síntesis de la literatura gnóstica, era evidente de que se trataba de una obra capital, la que ahora amablemente ponemos en sus manos, ampliada con varias cátedras que impartiera el Maestro.

Las obras sencillas del Autor, escritas después de sus trabajos monumentales, son de mucha substancia en pocas líneas… verdaderas joyas de la doctrina del Señor de la Síntesis.

El sublime conocimiento de los gnósticos ―los primeros teólogos del cristianismo― se pone al alcance de todos.

Los secretos de los cristianos primitivos, se revelan sin ambages por la sabia pluma del Maestro.

Entraremos en el conocimiento más inquietante, al ver develados los misterios de la Virgen del Carmen.

CAPÍTULO I

LA VIRGEN DEL CARMEN

La Virgen del Carmen fue la madre del Divino Redentor del Mundo.

Innumerables escritores han cantado loas a la madre más grandiosa de todos los tiempos.

¿Cómo podríamos definirla?

Ni la pluma de Miguel Ángel, ni la Madonna de Leonardo da Vinci han logrado traducirnos en forma fiel la imagen de la Virgen María.

Innumerables esculturas han tratado de personificar a la Virgen del Carmen, pero ninguna de el las puede traducir exactamente la fisonomía de aquella Gran Hija de la Luz.

Al contemplar con los ojos del alma la inefable figura de aquella Divina Madre, no vemos nada que nos sepa a diamantes, rubíes y esmeraldas.

Ante los ojos del alma desaparecen por completo las púrpuras y sedas con que se ha querido envolver el recuerdo de María, la Divina Madre de Jesús de Nazaret.

No fue María aquella beldad mundanal pintada en todas las acuarelas.

Con los ojos del espíritu solo contemplamos una virgen morena quemada por el sol del desierto.

Ante nuestras atónitas miradas espirituales se desdibujan esbeltos cuerpos y rostros provocativos de figuras femeninas, para aparecer en su lugar una mujercita sencilla de pequeña estatura, cuerpo delgado, rostro pequeño y ovalado, nariz roma, labio superior algo saliente, ojos gitanos y amplia frente.

Aquella humilde mujer vestía con túnica color carmelita o marrón y sandalias de cuero.

Caminando a través de los desiertos africanos rumbo a la tierra de Egipto, parecía una pródiga con su túnica vieja y rota, y su rostro moreno humedecido en copioso sudor.

No es María aquella estatua de púrpura y diamantes que hoy adorna la catedral de Notre Dame de París.

No es María aquella estatua cuyos dedos de armiño, engarzados en puro oro, alegra las procesiones de la Casa Parroquial.

No es María aquella beldad inolvidable que desde niños contemplamos sobre los suntuosos altares de nuestras iglesias pueblerinas, cuyas campanas metálicas alegran los mercados de nuestras parroquias.

Ante nuestros sentidos espirituales solo vemos una virgen morena quemada por el sol del desierto.

Ante la vista del espíritu desaparecen por completo todas las fantasías para aparecer en su lugar una pródiga humilde, una humilde mujer de carne y hueso.

Desde muy niña, María hizo voto de castidad en el templo de Jerusalén.

María era hija de Ana, su madre la llevó al templo para que hiciera sus votos.

Y era María una de las vestales del templo.

Nació entre una aristocrática familia y antes de ingresar al templo como vestal tuvo innumerables pretendientes, y hasta tuvo un rico y apuesto galán que quiso casarse con ella.

Empero María no lo aceptó; su corazón solo amaba a Dios.

Los primeros años de su vida estuvieron rodeados de toda clase de comodidades.

Cuenta la tradición que María hacía alfombras para el templo de Jerusalén y que esas alfombras se convertían en rosas.

María conoció la doctrina secreta de la tribu de Leví. María se educó a la sombra augusta de los pórticos de Jerusalén, entre el follaje núbil de esas palmeras orientales, a cuya sombra descansan los viejos camelleros del desierto.

María fue iniciada en los Misterios de Egipto, conoció la sabiduría de los faraones, y bebió en el Cáliz del antiguo cristianismo, calcinado por el fuego ardiente de las tierras orientales.

La religión católica tal como hoy la conocemos, ni siquiera se vislumbraba sobre los siete collados de la Roma augusta de los césares, y los viejos esenios solo conocían la vieja doctrina cristiana, la doctrina de los mártires, aquella doctrina por la cual San Esteban murió mártir.

Esa santa doctrina crística se conservaba en secreto dentro de los Misterios da Egipto, Troya, Roma, Cartago, Eleusis etc.

Lo grande que hubo en el Cristo, fue haber publicado la vieja doctrina sobre las calzadas de Jerusalén.

Y fue María, la Virgen del Carmen, designada por la Divinidad para ser la Madre del Divino Redentor del Mundo.

CAPÍTULO II

LA ANUNCIACIÓN

“Y al sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret.

“A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

“Y entrando el ángel a donde estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

“Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.

“Entonces el ángel le dijo: María no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.

“Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús” (Vers. 26 a 31, Cap. I, San Lucas).

“Empero, María protestó en su corazón porque era casta, y dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque no conozco varón.

“Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo le dará sombra: por lo cual también lo santo que nacerá será llamado hijo de Dios” (Vers. 34 y 35, Cap. I, San Lucas).

“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor: hágase a mí conforme a tu palabra.  Y el ángel partió de ella.

“En aquellos días levantándose María, fue a la montaña con prisa, a una ciudad de Judá.

“Y entró en casa de Zacarías y saludó a Elizabeth.

“Y aconteció que como oyó Elizabeth la salutación de María, la criatura saltó en su vientre y Elizabeth fue llena de Espíritu Santo.

“Y exclamó a gran voz y dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

“Y de donde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

“Porque he aquí, como llegó la voz de salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

“Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas por parte del Señor.

“Entonces María dijo: Engrandece mi alma el Señor. Y mi espíritu se alegró en Dios mi salvador.

“Porque ha mirado a la bajeza de su criada.

“Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

“Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso, Y santo es su nombre.

“Y su misericordia de generación a generación a los que temen.

“Hizo valentía con su brazo.  Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

“Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes.

“A los hambrientos hinchó de bienes, y a los ricos envió vacíos.

“Recibió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia.

“Como habló a nuestros padres, a Abraham y a su simiente para siempre.  “Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió a su casa” (Vers. 39 a 56, Cap. I, San Lucas).

En los tiempos antiguos toda la especie humana concebía sus hijos por obra y gracia del Espíritu Santo; y entonces no existía el dolor en el parto.

El Espíritu Santo enviaba a sus santos ángeles, para que éstos juntasen a hombres y mujeres dentro de los grandes patios de los templos.

El acto sexual era dirigido por ángeles, y éste era un sacramento que solo se verificaba en los templos para engendrar cuerpos para las almas que necesitaban venir al mundo.

Entonces el dolor en el parto no existía, las mujeres parían sus hijos sin dolor porque los concebían por obra y gracia del Espíritu Santo.

Pero cuando la humanidad desobedeció a los ángeles, entonces pecó contra el Espíritu Santo y éste dijo a la mujer: parirás tus hijos con dolor; y al varón: trabajarás con el sudor de tu frente para sostener a tu mujer y a tus hijos.

Adán eran todos los hombres de los antiguos tiempos y Eva todas las mujeres de los antiguos tiempos.

María había venido siguiendo el sendero de la castidad y de la santidad, y por ello se sorprendió cuando el ángel le anunció que concebiría un hijo.

Ella nos enseñó con su ejemplo el sendero de la castidad.

Hoy en día el matrimonio se ha convertido en una licencia para fornicar.

Los hombres y las mujeres se multiplican por puro placer animal, sin importarles un ápice el Espíritu Santo.

Toda unión sexual que se verifica sin permiso del Espíritu Santo es fornicación.

Pero esto no lo quieren entender los seres humanos de esta época porque se alejaron de la vieja doctrina que conoció la Virgen María, madre de Jesús y que predicó el Cristo sobre los muros invictos de Sión.

Todos los sabios del pasado engendraron sus hijos por obra y gracia del Espíritu Santo.

Zacarías se sorprendió cuando el ángel le anunció el nacimiento de Juan el Bautista.

Juan también fue engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo, y fue un ángel quien anunció a Zacarías que su mujer ya anciana concebiría un hijo. Veamos los siguientes versículos bíblicos:

“Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez.

“Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a poner el incienso, entrando en el templo del Señor.

“Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

“Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

“Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él.

“Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas, porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabeth te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

“Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

“Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno de Espíritu Santo, aún desde el seno de su madre” (Vers. 8 a 15, Cap. I, San Lucas).

Todos los grandes santos y sabios de los antiguos tiempos nacieron por obra y gracia del Espíritu Santo.

Todo matrimonio recto y justo debe concebir por obra y gracia del Espíritu Santo.

Aquellos esposos que quieran ser verdaderamente cristianos, deberán orar al Espíritu Santo pidiéndole la Anunciación.

Y el ángel de Dios aparecerá en sueños a los esposos y les anunciará el día y la hora en que deben verificar la conexión sexual.

Y así, todo hijo será bello y puro desde su nacimiento, porque es concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Hay que dominar las pasiones carnales y cultivar la pureza y la santidad del matrimonio.

“Honroso es a todos el matrimonio y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y adúlteros juzgará Dios”. (Ver. 4, Cap. 13, Hebreos).

“Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura” (ver. 16, Cap. 12, Hebreos).

CAPÍTULO III

LA CONCEPCIÓN

Habían en el templo de Jerusalén 33 varones, sacerdotes de la tribu de Leví.

José el padre de Jesús de Nazareth, era uno de los 33 ancianos del templo de Salomón.

Después de la Anunciación, el Sumo Sacerdote ordenó que todos los 33 sacerdotes del templo depositaran sus varas detrás del altar. Y se dispuso que aquella vara que amaneciera florecida, sería la del esposo de María.

Cada uno de los sacerdotes, uno a uno en orden sucesivo, fueron colocando sus varas detrás del altar.

El último que debía colocar su vara fue el Sacerdote José, pero éste se resista a la orden del Sumo Sacerdote, alegando su avanzada edad.

Empero, tuvo que obedecer la orden y depositó su vara detrás del altar.

Al otro día, muy de mañana, fueron los sacerdotes al altar para recoger sus varas, y ¡cuanta no sería su sorpresa al hallar la vara de José toda florecida!

Así fue como se designó a José por esposo de María.

Y fue la Virgen del Carmen sacada del templo y depositada en la casa de un ciudadano honorable de Jerusalén, para aguardar la hora de la concepción.

Y el ángel Gabriel escogió día y hora en que los esposos verificaron el acto sexual como un sacrificio en el altar del matrimonio, para brindarle el cuerpo al Divino Redentor del Mundo.

Y María fue Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, porque era virgen del alma, y porque la concepción se verificó por obra, es decir, por orden, y gracia del Espíritu Santo.

El acto sexual, cuando es ordenado por ángel, engendra hijos por obra y gracia del Espíritu Santo.

El acto sexual para los puros es puro, y para los impuros, es impuro.

Cuando nosotros miramos el acto sexual con ojos de ángel, es angélico; empero, cuando lo miramos con ojos llenos de malicia, es demoníaco.

Cuando se verifica el acto sexual por orden de ángel, es santo. Pero cuando se verifica el acto sexual por orden del diablo, es satánico.

María no tuvo dolor en el parto, porque concibió su hijo por obra y gracia del Espíritu Santo, y todos los esposos y esposas del mundo podrían imitar a María y a José, concibiendo sus hijos por obra y gracia del Espíritu Santo, “no fornicando”.

Esta es la clave maravillosa que permitirá que nazcan niños inteligentes y llenos de belleza.

Lo importante es saber abstenerse y orar al Espíritu Santo diariamente, y a su santo ángel Gabriel, para que en sueños nos haga partícipes de la anunciación.

Y entonces el ángel del Señor, revelará en sueños el día y la hora en que los esposos pueden verificar el acto sagrado de la fecundación.

Esta concepción del Espíritu Santo, convertirá cada hogar en un paraíso, y desaparecerán los desencantos amorosos y habrá felicidad.

Toda oración al ángel Gabriel, se hará así.

“Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza” (ver. 11, Cap. I, Samuel).

CAPÍTULO IV

EL MONTE

Nosotros somos almas que tenemos cuerpo. Pero el cuerpo no es sino el vestido del alma.

El cuerpo no piensa, la que piensa es el alma. El cuerpo no ama, la que ama es el alma. El cuerpo no desea, quien desea es el alma.

El cuerpo es únicamente un vestido del alma.

Durante las horas del sueño, el alma se sale del cuerpo y visita todos aquellos lugares que le son familiares.

Durante las horas del sueño, el alma vaga por el sagrado monte de que nos hablan los santos evangelios.

La Biblia nos habla sobre el monte en los siguientes versículos:

“Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro y a Juan y a Jacobo y subió al monte a orar.

“Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

“Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales era Moisés y Elías.

“Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.

“Y Pedro y los que estaban con él estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su majestad, y aquellos dos varones que estaban con él.

“Y aconteció, que apartándose el los de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí y hagamos tres pabellones, uno para ti y uno para Moisés, y uno para Elías, no sabiendo lo que se decía.

“Y estando él hablando de esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.

“Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi hijo amado; a él oíd.

“Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo y ellos callaron; Y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

“Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro”. (Vers. 28 a 37, Cap. 9: San Lucas).

Ese monte que hablan los Evangelios, es el espacio.

Durante las horas del sueño, todas las almas vagan por el monte, y visitan diferentes lugares, van a donde su corazón las lleve.

En sueños nuestra alma habla con seres distantes, habla con otras almas y puede conversar con los ángeles.

Cuando se dice que Cristo y Pedro y Juan y Jacobo subieron al monte a orar; y que Cristo se transfiguró en presencia de ellos, hemos de entender que los cuerpos de carne y hueso de ellos dormían mientras sus almas oraban fuera del cuerpo, en el monte.

Todo ser humano puede visitar el monte a voluntad. Lo importante es comprender que nosotros somos almas que tenemos cuerpos, y que podemos entrar y salir del cuerpo a voluntad.

Todo cristiano puede aprender a salir del cuerpo a voluntad.

La clave es la siguiente:

Acuéstese la persona en su lecho, adormézcase y cuando ya se encuentre dormitando, levántese de su lecho con suavidad, cuidándose de no despertar de su sueño. Luego salga de su cuarto, de un pequeño saltito con la intención de flotar, y así volando, cada cual puede ir a donde su corazón le lleve.

La madre, podrá visitar a su hijo distante, verlo y conversar con él. El esposo podrá visitar a su lejana esposa, verla, y ella a su vez podrá hacer lo mismo.

Esta no es una práctica mental, no se trata de un asunto mental; cuando decimos que el cristiano debe levantarse de su cama con suavidad, se debe hacer esto, así tal como se oye, pero cuidando el sueño, porque el poder para entrar al monte, está en el sueño.

Lo importante es dejar la pereza y levantarse de su lecho en el momento de estar dormitando.

En el monte, todas las almas pueden conversar con la Virgen del Carmen, y con el hijo querido de sus entrañas.

La Virgen Santísima del Carmen llora por todas las mujeres, y vela por todos los humanos.

En el monte, la Virgen del Carmen aparece vestida con su túnica carmelita. Lleva un manto carmelita o marrón sobre su cabeza, lleva un escapulario en sus manos, y su cabeza va ceñida por una corona.

Esta es la Virgen Morena, la Virgen del Monte.

Nota del Editor: Cuando el Autor se refiere al alma en este Capítulo, lo hace en sentido genérico, a la manera de San Pablo, es decir, refiriéndose al vehículo del alma, al cuerpo astral. Eeste volumen se transcribe una conferencia del maestro sobre la verdadera naturaleza del alma, enseñándonos como “cristalizarla”.

CAPÍTULO V

EL DISCERNIMIENTO

En nuestro pasado capítulo dijimos que cuando el cuerpo duerme el alma vaga por el sagrado monte.

El alma se ocupa durante las horas del sueño en los mismos oficios y ocupaciones del día.

Fuera del cuerpo los comerciantes compran y venden en sus almacenes, sin darse cuenta de que están fuera del cuerpo.

Durante las horas del sueño vemos a las almas de las modistas, de los mecánicos, de los tenderos, de los vendedores ambulantes, etc., dedicadas a los mismos oficios y menesteres del día.

Esas almas andan dormidas, convencidas, seguras de que se encuentran en carne y hueso. Y cuando alguien les dice que están fuera del cuerpo, entonces no creen y se burlan.

Si esas almas se dieran cuenta de que están fuera del cuerpo, entonces podrían transportarse a cualquier rincón del mundo en pocos instantes.

Así la esposa que sufre por el hombre que ama y que está ausente; la novia que está sufriendo por su novio amado, puede visitarlo sin ser vista. La madre que tiene el hijo ausente puede visitar a su hijo, y darse cuenta de su vida.

Lo importante es conocer la clave, el secreto para darse cuenta de que está fuera del cuerpo físico.

Esa clave es la del discernimiento. Durante el día deberemos hacernos esta pregunta: ¿Estaré en el cuerpo? ¿Estaré fuera del cuerpo?

Brinque Ud., entonces, dé un pequeño saltito con la intención de flotar en el espacio, y si flota es porque usted está fuera del cuerpo.

Entonces suspendido en los espacios, diríjase a donde su corazón lo lleve.

Esta pregunta deberá hacérsela Ud. en presencia de cualquier cosa curiosa.  Supongamos que va Ud. caminando por la calle y se encuentra con un amigo que hacía tiempos no veía, entonces hágase la pregunta: ¿Estaré en mi cuerpo o fuera de él?

Dé un pequeño saltito con la intención de flotar, y si flota es porque su cuerpo está dormido en la cama y Ud. está fuera de él.

Diríjase entonces a donde su corazón lo lleve, a donde el ser ausente, a donde el hijo lejano, a donde el ser amado.

Esta pregunta deberá Ud. hacérsela durante el día, en presencia de cualquier cosa curiosa. Un tumulto, un objeto raro, el encuentro con un fallecido, el encuentro con un amigo lejano, en fin, en presencia de cualquier detallito insignificante.

Esta clave del discernimiento se debe practicar durante el día, a cada paso, a cada instante, para que se grabe bien en nuestra alma, y actúe durante el sueño.

Todo lo que uno hace durante el día lo hace también en el sueño, y si durante el día se acostumbra a esta práctica, durante la noche resultará Ud. haciéndola en horas del sueño cuando su alma esté fuera del cuerpo.

Y entonces, al hacerse la pregunta, dará el saltito tal como lo ha hecho durante el día, y despertará su conciencia y flotará en los espacios y podrá visitar a los seres lejanos, al hijo ausente, a la madre de la cual no ha tenido noticia, etc.

El alma, durante las horas del sueño, está fuera del cuerpo, lo importante es que el alma se dé cuenta de que anda fuera del cuerpo para poder visitar cualquier sitio lejano.

Esta es la clave del discernimiento.

Si estando fuera del cuerpo, invocamos con puro corazón a la Virgen del Carmen, entonces la Divina Madre del Nazareno concurrirá a nuestro llamado y podremos conversar con ella. Y si estando fuera del cuerpo invocamos al ángel Gabriel, pidiéndole la anunciación entonces él podrá decir a la esposa y al esposo, en qué día y en qué hora pueden juntar sus cuerpos. Y así las mujeres podrán concebir sus hijos por obra y gracia del Espíritu Santo. Es decir, por orden del Espíritu Santo.

Los hombres pueden conversar con los ángeles durante el sueño. Toda mujer, todo niño, todo anciano, puede conversar con los ángeles durante el sueño.

Fuera del cuerpo podemos invocar a los ángeles y éstos concurren a nuestro llamado para enseñarnos la palabra de Dios.

CAPÍTULO VI

MILAGROS DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Todos los que conocemos el monte, sabemos que la Virgen del Carmen es una trabajadora incansable.

Muchas veces, un devoto se cura de alguna enfermedad incurable, y entonces lleno de admiración exclama: “¡Un milagro de la Virgen del Carmen!”.

Pero el devoto ignora que la Virgen del Carmen ha tenido que trabajar intensamente para poder curar el cuerpo del enfermo.

Otras veces un devoto que se ha salvado de morir trágicamente, lleno de admiración exclama: ¡Un milagro! Pero el devoto ignora el esfuerzo supremo, el enorme sacrificio, la magnitud del trabajo que a la Virgen del Carmen le ha tocado realizar.

Vamos a relatar algunos milagros de la Virgen del Carmen:

1º Alfredo Bello, se salvó de morir ahogado en un goleta, implorando la Virgen del Carmen. Navegaba Alfredo Bello de la Zona del Canal de Panamá hacia la ciudad di Barranquilla, cuando la goleta estalló. Se hundió la nave entre las olas embravecidas de la mar. No se veía sino cielo y agua, ni un rayo de esperanza y Alfredo Bello, agarrado a un mísero tablón, imploraba a la Virgen del Carmen. Así se salvó el hombre; recibió auxilio a tiempo y lleno de admiración exclamó: “¡Un milagro!”

Pero aquel hombre ignoraba el esfuerzo terrible que tuvo que hacer la Virgen del Carmen para salvarlo.

2º José Prudencio Aguilar, distinguido y selecto personaje de Riohacha, navegaba en una goleta de su propiedad a través de las olas embravecidas del Atlántico, cuando fue arrollado por un huracán aterrador que agitaba las embravecidas olas de la mar. Aquella goleta estuvo a punto de hundirse entre las profundidades del océano.

El hombre clamaba a la Virgen del Carmen, y ésta trabajando así, duramente, logró salvarlo del desastre. “¡Un milagro!”, exclamó el hombre.

3º La señora Esther Lozano dio a luz una bella niña sin sentir ningún dolor, en el parto, invocando a la Virgen del Carmen. “¡Un milagro!”, exclamó, sin darse cuenta la dama del enorme trabajo científico que tuvo que realizar la Virgen del Carmen para salvarla. La señora agradecida bautizó a su hija con el nombre de la Virgen del Carmen.

4º En el año de 1940, viajando en una lancha de Tacamocho a Gamarra, una señorita de nombre Emilia Hernández, cayó al agua en instantes en que iba por un balde de agua. La dama estuvo cuatro horas entre las olas embravecidas del río Magdalena agarrada a una insignificante rama, y se salvó de las garras de la muerte, invocando a la Virgen del Carmen. El nombre de la lancha era “Manzanares”.

La Virgen del Carmen tuvo que luchar muchísimo para salvar a la dama.

5º Un marino, perteneciente a una distinguida familia samaria, tuvo un accidente en el mar, y duró varias hora bajo el agua. Al ser sacado volvió en sí, y todos exclamaron: “¡Un milagro de la Virgen del Carmen!

6º En alguna ocasión un hombre que subía por un collado del Tolima, fue atacado por un perro rabioso. El animal aullaba entre las tinieblas de la noche. El hombre temeroso, invocó a la Virgen del Carmen y bestia huyó despavorida.

No hay duda de que ese animal era un ser tenebroso de abismo.

7º ¿Y qué diríamos de aquella niña que se salvó al estrellarse el avión en que viajaba?  La nave aérea transportaba de Alemania a los Estados Unidos una gran cantidad de niños refugiados, cuando se estrelló en Estado Unidos. Perecieron todos esos niños, pero no se explica cómo y de qué manera se encontró a cierta distancia de avión a una niña completamente sana y sin el menor rasguño.

La Virgen del Carmen realizó ese maravilloso trabajo ese formidable milagro.

Aceptemos que por ley del destino la niña no debía morir todavía, pero inevitablemente se necesitaba una intervención, y ella fue precisamente la de la Virgen del Carmen.

CAPÍTULO VII

LA NATURALEZA

La naturaleza es una madre siempre virgen. La naturaleza es siempre virgen y siempre madre. La naturaleza es una madre austera y bondadosa.

La conciencia de la naturaleza, enseña al tímido pajarillo a construir su nido. La conciencia de la naturaleza palpita en el corazón del árbol, en el corazón del tímido gusanito que se arrastra por la tierra, en el corazón del águila que altanera bate sus alas intrépidas sobre las moles gigantescas de granito, que se enclavan con sus torres almenadas entre el azul del cielo.

La conciencia de la naturaleza enseña al niño a buscar el pecho de su madre, y enseña a las aves a levantar el vuelo.

La conciencia de la naturaleza da forma a todas las cosas, organiza los pétalos de las flores que embalsama el aire con sus perfumes, y ordena el movimiento de los astros entre la magnífica orquestación del infinito.

La naturaleza es una madre austera y amorosa. Cuando penetramos en el monte, la vemos dentro de su templo magnífico, con su corona de oro, y su túnica blanca resplandeciente, gobernando los elementos en lucha.

Cuando la humanidad molesta demasiado, ella hace lo que toda madre con sus hijos. Les regala juguetes para que se diviertan, deposita en la mente de los inventores, el radio, el avión, el automóvil, etc., para que sus hijos se diviertan, mientras se hacen maduros para estudiar la sabiduría de Dios.

Todos los ángeles inocentes de la tierra, del agua, del fuego y del aire, obedecen a la Bendita Diosa Madre del Mundo.

María, Adonía, Insoberta, Isis, Astarté, han simbolizado siempre a la Virgen Celestial de la Naturaleza.

La naturaleza es un gran taller, donde Dios trabaja.

La naturaleza es el templo de la Virgen Madre del Mundo.

CAPÍTULO VIII

LA IGLESIA GNÓSTICA

Ahora, vamos a enseñarle a los devotos de la Virgen del Carmen el sendero del verdadero cristianismo.

Estudiemos el capítulo tercero de la Primera Epístola del Apóstol San Pablo a Timoteo, veamos:

“Palabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea.

“Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible marido de una mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar.

“No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia.

“Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad.

“(Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿como cuidará de la Iglesia de Dios?).

“No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo.

“También conviene que tenga buen testimonio de los extraños, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo.

“Los diáconos, deben ser honestos, no bilingües, no dados a mucho vino, no amadores de torpes ganancias.

“Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia.

“Y estos también sean antes probados; y así ministren, si fueren sin crimen.

“Las mujeres asimismo, honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.

“Los diáconos sean marido de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.

“Porque los que bien ministraren, ganan para sí buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

“Esto te escribo con esperanza que iré presto a ti; y si no fuere tan presto, para que sepas como te conviene conversar en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios Vivo, columna y apoyo de la verdad.

“Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado a los gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria.

Esta es la Epístola del Apóstol San Pablo a San Timoteo, varón pío y temeroso de Dios.

Esta es la santa doctrina de San Agustín, Santo Tomás, Clemente de Alejandría, Hipólito, Epifanio, Carpócrates, que fundó varios conventos en España, Tertuliano, San Ambrosio, San Esteban que murió mártir, San Justiniano, etc.

Esta es la vieja doctrina que Cristo enseñó en secreto a sus 70 discípulos y por la cual fueron perseguidos los santos de Jerusalén.

Esta es la doctrina de los grandes príncipes de la iglesia, esta es la doctrina de los Gnósticos, a la cual pertenecían los altos dignatarios de la Iglesia Católica Gnóstica primitiva.

Este es el antiguo cristianismo que Pablo predicó en Roma cuando llegó cargado de cadenas.

Este es el cristianismo que estudió la Virgen del Carmen bajo la sombra augusta del templo de Jerusalén.

Veamos algunas otras enseñanzas del Apóstol San Pablo:

“Seguid la caridad; y procurad los dones espirituales más sobre todo lo que profeticéis.

“Porque el que habla en lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios. porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.

“Más el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación y consolación.

“El que habla lengua extraña, a sí mismo se edifica; más el que profetiza, edifica a la Iglesia.

“Así que quisiera que todos vosotros habléis lenguas, empero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si también lo interpretare, para que la Iglesia tome edificación.

“Ahora pues, hermanos, ¿si yo fuere a vosotros hablando lenguas, qué os aprovecharé, si no os hablaré, o con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina” (Vers. 1 a 6 Cap. 14, Corintios).

Así pues, San Pablo de Tarso aconseja a todos los buenos cristianos que practiquen la caridad, que procuren los dones espirituales, y sobre todo que profeticen.

“Si hablare alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; más uno interprete.

“Y si no hubiere intérprete, calle en la Iglesia y hable a sí mismo y a Dios.

“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.

“Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero.

“Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados; y los espíritus de los que profetizaren, sujétense a los profetas.

“Porque Dios no es Dios de disensión sino de paz; como en todas las Iglesias de los santos.

“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley dice.

“Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos. porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregación.

“¿Qué ha salido de vosotros la palabra de Dios, o a vosotros solos ha llegado?

“Si alguno a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.

“Más el que ignora, ignore.

“Así que, hermanos procurad profetizar; y no impidáis el hablar lenguas.

“Empero hágase todo decentemente y con orden” (Vers. 27 a 40, Cap. 14, Corintios).

Todo buen Cristiano puede recibir el Espíritu Santo y profetizar. Pero el que quiera volverse profeta tiene que volverse completamente casto y santo.

La Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo no es de este mundo; él mismo lo dijo: Mi reino no es de este mundo.

En el monte del Dios Vivo, hay una Iglesia, invisible para los ojos de la carne, pero visible para los ojos del alma y del Espíritu.

Esa es la Iglesia Gnóstica primitiva, a la cual pertenecen el Cristo y los profetas.

Esa Iglesia tiene sus Obispos, Arzobispos, Diáconos, Subdiáconos y Sacerdotes que ofician en el Altar de Dios Vivo. El Patriarca de la Iglesia invisible, es Jesucristo.

A esa Iglesia pueden ir todos los Cristianos en alma y en espíritu.

En los Capítulos IV y V de la presente obra enseñamos el secreto para salir del cuerpo conscientemente y visitar cualquier punto lejano de la tierra.

También podemos todos los seres humanos visitar la Iglesia Gnóstica durante el sueño. Allí, en esa Santa Iglesia, vemos a la Virgen del Carmen y a sus santos ángeles con ella.

Todos los grandes santos de la Iglesia de Dios visitan la Iglesia Gnóstica. Los viernes y domingos en la aurora hay misas y comuniones, y todos los Cristianos pueden asistir a esas misas y recibir la comunión de pan y vino, siguiendo las enseñanzas dadas en el Capítulo IV y V de este libro. En esa Iglesia se le enseñará a todos los devotos a profetizar.

En la Iglesia Gnóstica vemos al Cristo sentado, en su trono, y todos los gnósticos podemos conversar con él personalmente.

Todos los sufrimientos de María sucedieron cuando se desposó con José el Sacerdote.

María fue iniciada en los Misterios de Egipto.

En la Iglesia Gnóstica, los cristianos aprenden a profetizar.

Lo importante es seguir la senda de santidad y castidad perfectas.

En nuestros libros titulados: “El Matrimonio Perfecto” y “La Revolución de Bel”, estudiamos a fondo los grandes misterios del sexo. En esas obras enseñamos los secretos más grandiosos del Universo.

Que la paz sea a todos los seres humanos

SAMAEL AUN WEOR

EL PADRENUESTRO

* Padre Nuestro que estás en los Cielos (I.A.O.)

* Santificado sea tu nombre.

* Venga a nos tu Reino (Los mundos internos).

* Hágase, Señor tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo.

* El pan nuestro de cada día, dádnoslo hoy.

* Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

* No nos dejes caer en tentación, mas líbranos de todo mal. AMEN.

NOTA: Esta oración fue legada por Nuestro Señor el Cristo y contiene siete peticiones sagradas para que los devotos del sendero pidan como gracia al Altísimo.

Los gnósticos tenemos que hacer la voluntad del Padre, así en la tierra como en el Cielo, pero generalmente los hombres llaman e invocan a Padre para que Él haga la voluntad de ellos, o sea al contrario.

LA SALVE

Dios te salve RAM-IO (María),

Llena eres de gracia,

El Señor es contigo,

Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre “IHESUS”.

Virgen RAM-IO, Madre de Dios,

Ruega por nosotros los que tenemos el yo pecador; ahora y en la hora de la muerte de nuestros defectos (yoes). AMEN.

NOTA: Esta oración y el Padrenuestro, las deben orar todos los gnósticos antes de acostarse o en momentos de peligro.

COMO SE SACRIFICA EL SUFRIMIENTO

Voy a decirles a ustedes una gran verdad: el dolor, ciertamente, se sacrifica autoexplorándolo y haciéndole la disección.

Tomemos un caso concreto: pongamos que un hombre, de pronto, encuentra a su mujer platicando muy quedito, por ahí en un cuarto, con otro hombre.

Realmente, esto puede provocarle ciertos celos. Ahora, si encuentra a la mujer ya demasiado quedito, en demasiada intimidad con un sujeto equis, puede haber un estallido de celos acompañado de un gran disgusto; tal vez hasta tenga una riña con el otro hombre, por celos.

Esto produce un dolor espantoso al marido, al marido ofendido, que puede dar origen a un divorcio. Hay un dolor moral horripilante; sin embargo, no era para tanto, sino que simplemente platicaba muy quedito.

Al marido no le consta nada malo, pero la mente, pues, hace muchas conjeturas y aunque la mujer niegue, niegue y niegue, la mente tiene muchos pasillos, muchos recovecos, en los que se forman realmente muchas suposiciones.

¿Qué hacer para eliminar ese dolor, cómo sacrificarlo? ¿Cómo renunciar al dolor que le ha producido eso? Hay una forma de hacerlo, de sacrificar ese dolor. ¿Cuál? La autorreflexión evidente del Ser, la autoexploración de sí mismo.

¿Están seguros ustedes, por ejemplo, que nunca han tenido relación con otra mujer? ¿Se está seguro que jamás se ha acostado uno a dormir con otra fémina? ¿Se está seguro que uno jamás ha sido adúltero, ni en esta ni en pasadas existencias? Claro está que nosotros todos, en el pasado, fuimos adúlteros y fornicarios, eso es obvio.

Si uno llega a la conclusión, pues, de que uno también fue fornicario y adúltero, entonces, ¿con qué autoridad está juzgando a la mujer? Al juzgarla, lo hace sin autoridad.

Ya Jesús El Cristo, en la parábola de la mujer adúltera (aquella mujer de los Evangelios Crísticos), exclamó: “¡El que se sienta libre de pecado, que arroje la primera piedra!

Nadie la arrojó, ni el mismo Jesús se atrevió a acusarla… Le dijo: “¿Dónde están los que te acusaban? Ni yo mismo te acuso; vete y no peques más... Ni él mismo, que era tan perfecto, se atrevió; ahora nosotros, ¿con qué autoridad lo haríamos?

Entonces, ¿quién es el que nos está provocando ese sentimiento de supremo dolor? ¿No es acaso el demonio de los celos? ¡Obviamente, sí! ¿Y qué otro demo-nio? El yo del amor propio, que ha sido herido mortalmente, pues el yo del amor propio es egoísta en un ciento por ciento.

¿Y cuál otro? El yo, dijéramos, de la autoimportancia. Se siente muy im-portante, se dirá: “yo, que soy el señor don fulano de tal, ¿y que esta mujer venga aquí, con esta clase de conducta?”.  ¡Vean qué orgullo tan terrible el del señor de la autoimportancia!

O aquel otro de la intolerancia que dice: “¡Fuera, adúltera; te condeno, malvada; yo soy virtuoso, intachable!” He ahí, pues, el delito dentro de uno mismo; ese tipo de yoes son los que vienen a producir dolor.

Cuando uno llega a la conclusión de que son esos yoes los que le han provocado el dolor, entonces se concentra en la Divina Madre Kundalini y ella desintegra esos yoes; cuando se ha desintegrado el yo, el dolor termina.

Al terminar el dolor, queda la conciencia libre; entonces, mediante el sacrificio del dolor, aumenta la conciencia, se adquiere la fortaleza.

Supongamos que no sean simples celos, sino que hubo adulterio de verdad; entonces tendrá que venir el divorcio, porque eso lo autoriza la Ley Divina.

En este caso, también puede decirse que se puede sacrificar ese dolor y decir: “Bueno, ya adulteró; ¿estoy seguro yo de no haber adulterado jamás? Entonces, ¿por qué condeno?

No tengo derecho a condenar a nadie, porque el que se sienta libre de pecado, que arroje la primera piedra”. “¿Quién es el que me está proporcionando el dolor? Los yoes de la intolerancia, de la autoimportancia, de los celos, del amor propio, etc.”

Habiendo llegado a la conclusión de que son esos los que nos están ocasionando el dolor, debemos trabajar para desintegrarlos y el dolor desaparecerá, quedará eliminado.

¿Por qué? Porque se ha sacrificado y eso trae un aumento de la conciencia, pues aquellas energías que estaban involucradas en el dolor, quedan liberadas.

Esto trae no solamente la paz del corazón tranquilo, sino que además trae un aumento de la conciencia; eso se llama “sacrificar el dolor”.

Pero la gente es capaz de todo, menos de sacrificar sus dolores y resulta que los máximos dolores son los que brindan a uno las mejores oportunidades para el despertar, para el despertar de la conciencia.

Hay que sacrificar el dolor, y existen muchas clases de dolores.Por ejemplo, un insultador. ¿Qué nos provoca un insultador? Pues el deseo de venganza (inmediatamente, muy inmediatamente). ¿Por qué? Por las palabras dichas.

Pero si uno no se identifica con los yoes de la venganza, es claro que no contes-taríamos al insulto con el insulto; mas si uno se identifica con los yoes de la venganza, éstos lo relacionan a uno con otros yoes más perversos y termina uno en manos de yoes terriblemente perversos y haciendo grandes disparates.

Así como existe fuera de nosotros la ciudad (la ciudad de México, por ejemplo) y así como en la ciudad esta de la vida urbana, común y corriente, hay gentes de toda clase: Colonias de gentes buenas, Colonias de gentes malas, así también sucede con la ciudad interior, con la ciudad psicológica.

En esa ciudad psicológica viven muchas gentes, muchas gentes (nuestros propios yoes son esas gentes que viven allí) y hay Colonias de gentes decididamente perversas, hay Colonias de gentes medias y hay Colonias de gentes mas o menos selectas (nuestra propia ciudad psicológica es eso).

Si uno se identifica por ejemplo con un yo de venganza, éste a su vez lo relaciona a uno con otros yoes de barrios muy bajos, donde viven asesinos ladrones, etc., y al relacionarse con éstos, ellos a su vez lo controlan a uno, le controlan el cerebro y resulta haciendo barbaridad y media (va uno, por último, a parar a la cárcel).

Pero ¿cómo evitar, entonces, caer uno en semejantes tugurios? No identificándose con el insultador, no identificándose.

Hay yoes dentro de uno que le dictan lo que debe hacer y le dicen: “¡Contesta, véngate, sácate el clavo, desquítate!” Si uno se identifica con ellos, termina haciéndolo: contestando pues al insultador, termina uno vengándose, desquitándose; pero si uno no se identifica con el yo que le está dictando que haga semejante locura, pues entonces no hace eso.

En todo caso, lo interesante sería que el ofendido pudiera sacrificar el dolor, y puede sacrificarlo si a través de la meditación comprende que el insultador es una máquina que está controlada por determinado yo insultante, y que lo ha insultado un yo, y si comprende también que él es otra máquina que tiene adentro yoes del insulto.

Entonces, si uno compara y dice: “Aquel me insulta, pero dentro de mí también existen yoes del insulto; luego no tengo por qué condenarlo.

Además, ¿qué es lo que se ha herido en mí? Posiblemente el amor propio, posiblemente el orgullo. Bueno, entonces tengo que descubrir si fue el amor propio, o si fue el orgullo, o qué.

Cuando uno ha descubierto quién fue el que se hirió, pues si sabe que fue el orgullo, debe desintegrar el orgullo, y si sabe que fue el amor propio, debe desintegrar el amor propio.

Esto da como resultado, al desintegrarlos, que queda libre del dolor, pues ha sacrificado el dolor y en su reemplazo ha nacido una virtud: la de la serenidad (ha despertado aún más).

Hay que tener en cuenta estos factores y aprender a sacrificar el dolor.

La gente es capaz de sacrificarlo todo, menos el dolor: quieren mucho sus propios sufrimientos, los idolatran; he ahí el error.

Aprender a sacrificar uno sus mismos dolores, es lo interesante para despertar conciencia.

Claro, no es cosa fácil, el trabajo es duro y va contra uno mismo; es algo muy duro, no es muy dulce, pero sí vale la pena ir uno contra sí mismo, por los resultados que se van a obtener al despertar.

Venerable Maestro: ¿qué es un Paramartasatya? ¿Qué podría decirte de un Paramartasatya, de un habitante del Absoluto? No se alcanza semejante estatura sino mediante sucesivos despertares de la conciencia, y no se puede llegar a los sucesivos despertares de la conciencia, sin aprender a sacrificar los propios sufrimientos.

Porque, en realidad de verdad, cada vez que uno sacrifica un sufrimiento, se acrecienta la conciencia y se adquiere mas fortaleza psicológica.

Sacrificar el dolor: esa es la clave más extraordinaria que hay, para ir logrando el despertar de la conciencia.

Esos sucesivos despertares, a su vez van, dijéramos, acrecentando o intensificando el desarrollo de la razón objetiva, que pertenece como ya dije a la mente interior profunda.

Hay que ir despertando la conciencia, y conforme uno va despertando la conciencia, va pagando Karma, y lo va pagando, si uno, por ejemplo, se hace consciente del dolor que le produjo un negocio mal hecho.

Supongamos, por ejemplo, que descubre que el yo del egoísmo estaba allí activo; entonces lo desintegra y paga Karma; o si descubre que el yo de la ambición estaba allí activo, paga Karma al desintegrarlo.

Obviamente, si las gentes aprovecharan hasta el más ínfimo suceso de su vida para sacrificar el dolor, a la hora de la muerte desencarnarían con la conciencia lúcida, despierta y completamente libres de Karma.

Ahora, en la práctica hemos podido evidenciar que realmente los demás no son los que nos producen a nosotros los dolores, los sufrimientos: los provocamos nosotros mismos.

Por ejemplo, supongamos que a uno de ustedes un ladrón le roba su cartera. Al saberlo exclamarán: “¡Me acaban de robar, he perdido mi dinero!” Luego viene la angustia: “Quedé sin dinero, ¿y ahora qué voy a hacer?” Pero vamos a ver: ¿el ladrón nos produjo el dolor, o quién? Ustedes dirían que el ladrón, pero si se autoexploran, descubrirán que dentro de ustedes está el yo del apego al dinero, o del apego a la cartera y detrás puede estar también el yo del temor que exclama: “¿Y ahora que haré sin mi dinero?”

De manera que allí están el yo del apego y el yo del temor; esos yoes producen angustia.

Pero si uno a través de la meditación comprende que el dinero es pasajero, que las cosas materiales son vanas e ilusorias; si se hace consciente de esa verdad, si esa verdad no queda simplemente en el intelecto, sino que pasa a la conciencia; si llega uno a comprender que estaba apegado a su cartera y a su dinero; si llega uno a comprender que tiene temor de verse sin dinero frente a los problemas de la vida, entonces se propone, naturalmente, acabar con esos dos yoes: el del temor y el del apego.

Cuando uno dice: “Voy a sacrificar el dolor, porque éste es vano e ilusorio, y le hace la disección a ese dolor y llega a comprender que en realidad es vano e ilusorio (porque una cartera o el dinero son puras sandeces); termina entonces desintegrando el yo del apego al dinero y el yo del temor. En esa forma se sacrifica el dolor y éste desaparece.

Al llegar a estas alturas, viene a darse cuenta quién era en verdad el que le estaba provocando el dolor, que no fue el ladrón el que le estaba produciendo el dolor, sino el yo del apego a las cosas materiales y el yo del temor.

Y lo viene a comprobar después que sacrifica el dolor, después de desintegrar los yoes del temor y del apego.

Entonces comprende que las causas del dolor las lleva uno dentro de sí mismo, no fuera de sí mismo.

Indubitablemente, si uno no sacrifica el dolor, no será feliz jamás.

LA GNOSIS, EL ÚNICO CAMINO

La hora crítica, actual, es realmente terrible. Hace algunos años, el Rey del Mundo, Melchisedek, que actualmente mora en Agarta, hizo en el Tíbet algunas profecías que se van cumpliendo.

Dijo que la media luna (refiriéndose a los pueblos árabes) sería destrui-da, que las tribus árabes terminarían peleándose unas con otras.

Estamos empezando a ver eso. Ya vimos cómo los palestinos, los revolucionarios árabes palestinos, hace algún tiempo tuvieron batallas con los jordanos, que también son árabes.

Ya vimos cómo ahora, armados hasta los dientes, todos los pueblos árabes se lanzaron contra el de Israel, y volvieron a ser derrotados otra vez.

La división árabe inquieta actualmente al mundo, debido a los intereses creados. Los ricos yacimientos de petróleo, son actualmente cosa de disputa entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Lo que ha habido es que los pozos de petróleo, pues, se están agotando en el mundo entero. Así pues, mis caros hermanos, los árabes tienen los pozos más ricos y éstos comienzan a ser motivo de disputa entre las grandes potencias.

Aseguró el Rey del Mundo, Melchisedek ─”Rey de Salem”, como dice Pablo de Tarso─ que habrá una guerra tremenda, universal (se peleará en la Tierra, hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Este y hacia el Oeste; en todas partes: por debajo de los mares, en los aires, etc.), que la raza humana se destruirá.

Profetizó que se sucederían delitos que hasta ahora no han contemplado las leyes humanas. Dijo que habría un verano tan terrible, que asolaría al mundo, y pestes, enfermedades y miserias. Aseguró que vendrían grandes cataclismos.

También dijo que de cada diez mil hombres, o que de cada diez mil personas, cuando mucho uno podría ser salvada de perecer, pero que las pocas que pudieran ser salvadas, se destruirían unas con otras; que los raros sobrevivientes serían tan incapaces de levantarse una choza, como de buscarse alimento; que terminarían protestando contra Dios, contra la divinidad.

Aseguró ─también en forma clara─ el Rey del Mundo, que en la hora postrera, él enviaría un pueblo, que las gentes ni siquiera sospechan, que nadie conoce; que ese pueblo estaría llamado a iniciar un nuevo orden sobre la faz de la Tierra.

Si estudiamos nosotros a Nostradamus, podemos evidenciar que ese hombre hizo profecías, que se han cumplido y que se seguirán cumpliendo.

Profetizó la segunda guerra mundial y la primera; por una letra, casi da exacto el nombre de Hitler; todo lo que acaeció en la segunda gran guerra que pasó, fue predicho por ese gran sabio.

También, asegura que en el año 1999, en el séptimo mes, un mundo gigantesco se acercará a la Tierra, que su brillo será tal que parecerá un segundo sol, y da a entender que la Tierra pasará por una revolución de sus ejes planetarios, que se sentirá como alejada más en el vacío, como cayendo fuera de órbita, y se provocaran catástrofes terribles.

Mas asegura que después de todo, después de tan grandes calamidades, y que haya sido destruida la humanidad actual, vendrá un nuevo orden y una nueva, humanidad. Y es de saberse que Nostradamus, realmente, no se ha equivocado jamás.

También es cierto que envió cartas a cierto pariente suyo, antes de morir, donde le hacía ver que él no había podido escribir todo lo que sabía con respecto a los tiempos del fin, porque los tiempos (éstos, en que estamos viviendo nosotros actualmente), así como la religión (tal como la conocieron las gentes de la Edad Media), y el orden de los diversos reinos, etc., sería tan diferente, era tan distinto, será eso tan extraño, que si él hubiera hablado (dice), se habría expuesto, no le hubiera gustado a la Iglesia y a los gobiernos, y por eso enfatizaba que se veía en la necesidad de tener que callar, de tener que guardar silencio.

Pero que dejaba una obra escrita, un libro, con todo lo que habría de suceder para los tiempos del fin; que ese libro lo iba a dejar escondido debajo de un monumento, y que en los postreros días, un niño descubriría ese libro, el cual está guardado entre una caja, pero que al abrir esa caja, el niño sería herido y que moriría a consecuencia de esa herida, más que el libro contenía, en sí mismo, todo lo que habría de suceder, detalladamente, para los tiempos del fin.

De manera que Miguel de Nostradamus no ignoraba nada de lo que actualmente está sucediendo, ni tampoco los acontecimientos que han de sobrevenir.

En estos instantes, pues, estamos nosotros ante el dilema del Ser y del no Ser de la Filosofía: o nos resolvemos a autorrealizarnos, o no nos resolvemos.

Al llegar a esta parte, muchos podrían preguntarnos: ¿y cuál es el camino?, ¿por dónde es la vía?

Mis queridos hermanos: es necesario que nosotros todos, juiciosamente, tratemos de comprender el camino.

Hay escuelas que enfatizan la idea de que existen doce caminos, que se hallan correlacionados con las doce Constelaciones Zodiacales. Existen instituciones que suponen que los caminos son siete.

Nosotros necesitamos analizar y saber cuál es el camino. Sobre todo nuestros hermanos, aspirantes, pues, a ser instructores gnósticos, deben hacerse conscientes del camino; pero comprenderlo, porque no sería posible hacernos conscientes de algo que no comprendemos.

Se necesita del análisis, de la reflexión. Sólo así podremos comprender.

Quiero, pues, que enjuiciemos esto del camino, muy seriamente.

Jesús El Cristo, que ha sido el mayor instructor de los últimos tiempos, no dijo que hubieran varios caminos.

Quienes hemos estudiado a fondo, tanto los cuatro Evangelios como los llamados “apócrifos” (que realmente de “apócrifos” no tienen nada), hemos podido evidenciar, verificar, que en ninguna de sus enseñanzas figuran varios caminos.

Cuando nosotros investigamos a Gurdjieff y a su discípulo, Ouspensky, o al Sr. Collins o al Dr. Nicoll, verdaderos exégetas de la “Cuarta Vía”, podemos eviden-ciar que, realmente, sólo aceptan un sólo camino.

Gurdjieff dice que hay cuatro, pero si analizamos los cuatro, quedan todos reducidos a uno. El primero sería el camino del faquir (según Gurdjieff), que hasta asegura, que en el Oriente conoció él a un faquir, que hacía treinta años permanecía en las puertas de un templo, sostenido únicamente sobre las puntas de los dedos de los pies y sobre las puntas de los dedos de las manos.

Tenía treinta años en esa posición; sus discípulos lo ataban, lo llevaban al río, lo bañaban, le daban de comer y volvían a colocarlo en su lugar: en las puertas del templo. Esta clase de faquir, hace esfuerzos sobrehumanos, terribles.

En la India hay faquires que permanecen de pie toda una vida, en medio de los vendavales y del Sol, etc.; se atrofian sus piernas y ya no pueden volver a caminar.

Otros se acuestan sobre una piedra o carril, o levantan un brazo y no lo vuelven a bajar nunca en la vida, o se sientan en un hormiguero, hasta que las hormigas los despedazan.

Pero, ¿qué es lo que buscan los faquires? Una sola cosa: crear el cuerpo de la voluntad consciente. ¿Podría crearse el cuerpo de la voluntad consciente, o denominado cuerpo causal, mediante esa clase de ejercicios físicos? Quienes verdaderamente han alcanzado el adeptado, saben muy bien que cualquier vehículo, ya sea físico o suprasensible, únicamente puede ser creado por medio de la sabia transmutación del hidrógeno sexual SI-12.

Lo único que consiguen pues, los faquires, es desarrollar el poder de la voluntad y nada más, más no crean el cuerpo de la voluntad consciente, que es completamente distinto, diferente.

Más allá del camino del faquir, sigue el del monje. Si uno, en alguna existencia, se ha dedicado al faquirismo (anheloso de seguir la vía), seguro que en la próxima existencia, puede desarrollar el aspecto emocional de su Ser, o sea, que es monje.

Pero no quiere decir, por este motivo, que logre crear el cuerpo astral, ni nada por el estilo. Eso es distinto, porque como les he dicho a ustedes, cada vehículo es creado (únicamente) mediante la transmutación de los hidrógenos, incluyendo los cuatro cuerpos gloriosos del Nirvanakaya, o los cuatro cuerpos gloriosos del Sambogakaya, o del Dharmakaya.

Así pues, no es posible la formación de ningún vehículo, cuando se excluye el Hidrógeno Sexual SI-12.

¿Que el monje desarrolla la parte emocional? Es cierto, mas eso no es todo. En nuevas existencias, quienes fueron monjes devienen como yoguis, y hay varias clases de yoga.

Existe el Hatha yoga, propiamente dicho, que está descalificado por la Venerable Logia Blanca; mas hay otro tipo de Hatha yoga, dijéramos, tántrico, el cual no está descalificado.

Existe el Bhakti yoga, o sea, el yoga de la Devoción. Este desarrolla la parte mística (extraordinariamente), la devoción elevada, y puede darnos iluminación, mas tampoco nos lleva a la autorrealización íntima del Ser.

Existe el Gnana yoga, o sea, el yoga Mental. El Gnana se esfuerza en el conocimiento de sí mismo; conoce las distintas disciplinas de la mente, logra el Samadhi, mas no la autorrealización.

Existe también el Raja yoga. Objetivo de ese yoga es el desarrollo de los Chacras, de los poderes ocultos, etc. Se logra cierto desarrollo, no hay duda, mas eso no es autorrealización.

Existe lo que podríamos llamar el Agni yoga, o el yoga del Fuego, o Kundalini yoga. Este nos lleva, pues, a las puertas mismas del cuarto camino, pero el cuarto

camino, en sí mismo, está más allá, mucho más allá del camino del faquir, mucho más allá del camino del monje y mucho más allá de la yoga.

Sin embargo, el cuarto camino tiene algo del faquir, algo del yoga, algo del monje, mas no es ninguno de esos tres.

El cuarto camino es la Gnosis, la Gnosis de Hermes Trismegisto, la Gnosis de los esenios, de los peratas o peraticenios, la Gnosis de los griegos (de un Jámblico o de un Pitágoras), la Gnosis de los grandes alquimistas medievales (un Raimundo Lulio, un Nicolás Flamel, etc.), la Gnosis de Jesús de Nazaret, de Pablo de Tarso, la Gnosis de los Misterios de Mitra, de Troya, de Cartago, de Egipto, de los Mayas, de los Druidas, de los Nahuas.

“Gnosis” significa “sapiencia”, “conocimiento”. Hay una “llave”, dice con justa razón Gurdjieff, la Llave del Arca de la Ciencia La tenemos. ¿Cómo ha llegado a nosotros? Dice Gurdjieff: No importa cómo haya llegado. Puede que alguien se la haya robado o puede que se nos haya regalado. ¡No importa; lo cierto es que la tenemos!

Pero, ¿cuál es esa Llave del Arca de la Ciencia? Incuestionablemente, el Gran Arcano, el Sahaja Maithuna, el tantrismo, tanto oriental como occidental.

Así pues, hermanos, los cuatro pertenecen a un solo camino ─angosto, estrecho y difícil─ que está representado por las cuatro puntas de la cruz, por los Cuatro Vedas, por los Cuatro Evangelios, etc.

Nosotros preferimos, francamente, ir directo hacia la Gnosis, como dijera Don Mario Rosso de Luna, el insigne escritor español: “¡Hacia la Gnosis!.

(Don Mario fue teósofo; sin embargo, en sus últimos tiempos se volvió gnóstico. Ese fue el famoso Mago de Lofrosant).

Ahora, los tiempos no están como para perder el tiempo, como para pasar los años en el facilismo, pues nos hallamos en un momento crítico y difícil.

Los tiempos del fin ya llegaron, se aguardan las catástrofes que han de sobrevenir, y la gran catástrofe, con la cual ha de quedar sellado todo el Apocalipsis.

Ya no podemos pasar una veintena de existencias, haciendo el papel de faquires y de monjes y de yoguis. Estamos “de afán”; el momento en que nos hallamos exige que, de una vez, tomemos el Cuarto Camino (la Gnosis), la Cuarta Vía, que es lo más práctico.

Continuando con este análisis, mis caros hermanos, debemos evidenciar en el terreno de la vida práctica, que ciertamente, no todos los seres humanos están preparados para poder autorrealizarse aquí y ahora, en este momento.

Téngase en cuenta que la gente del Kali Yuga es completamente débil y degenerada, no tienen capacidades como para poder, de verdad, tomar una Cuarta Vía.

Tendrían que empezar por regenerar el cerebro, y esto solamente es posible mediante la transmutación del esperma en energía.

Mas como quiera que están degenerados (en su mayoría), no tienen tampoco la fuerza de voluntad, ni la continuidad de propósitos que se requieren para poder regenerar el cerebro. Estamos, pues, ante una situación embarazosa.

Los aztecas no ignoraban nada de esto. Claramente, nos dicen los nahuas que más allá de lo que está, hay cuatro cielos o regiones; yo diría “mundos atómicos”.

Ellos nos hablan, por ejemplo, del “Reino de Tláloc”, o del “Reino de Quetzalcóatl”.

Dicen que muchos guerreros (no se refieren ellos a guerreros de tribus, a guerreros en el sentido vulgar de la palabra, sino en el sentido interior del concepto, es obvio) se proponen liberarse, después de la muerte física, para vivir en cualquiera de esos paraísos, no sin antes haber pasado por terribles pruebas.

Ellos se transforman, es decir, que eliminan los elementos inhumanos, y dan a entender que el alma pura, la esencia de tales guerreros, se eleva por último, entra más allá del “Cielo Tres”, es decir, se sumerge en el Espíritu Universal de Vida.

Dicen que esos guerreros se proponen, por medio de ese sistema, emanciparse liberarse un tiempo, mientras pasa esta Edad del Quinto Sol, es decir, la Edad del Kali Yuga.

Y luego afirman, en forma enfática, que muchos liberados renacerán en la futura Sexta Gran Raza.

Conocí a uno de esos, a uno que había logrado un buen despertar de la conciencia, y que después de su desencarnación, se encontró con los terrores de la muerte.

El pudo revivir su existencia en forma retrospectiva: desde la muerte, desde la vejez, hasta el nacimiento (así la revivió). Terminada su revisión, fue juzgado por los Señores de la Ley. Sintió el “Huracán” (el viento del Karma), pero él permaneció sereno.

Infinitas apariciones espectrales, intentaron hacerlo regresar al interior de alguna matriz, pero él permanecía austero; sólo tenía un anhelo: emanciparse.

Al fin entró en una región inefable, en una de esas regiones atómicas, controladas por determinadas Deidades Cósmicas, donde sintió una gran emoción, una gran alegría.

Allí tuvo, pues, un renacimiento (no físico, no), un renacimiento, dijéramos, sobrehumano, o sobrenatural, y en tal región, con ayuda de su Divina Madre Kundalini, continuó trabajando, eliminando los elementos inhumanos que llevaba dentro, hasta que la esencia quedó completamente limpia, pura de toda clase de desechos.

Desde el mundo físico se le ofreció también ayuda: cuando él intentaba regresarse al mundo de las formas densas, escuchaba la voz de los iniciados que le decían: “¡Aléjate, aléjate, aléjate!”, y cuando pudo por fin desintegrar hasta la última larva del yo, cuando la esencia quedó cristalina y diamantina, entonces se sumergió entre el seno de la gran realidad, como un Buddha Elemental.

Pero antes de pasar al seno de la gran realidad, hubo de atravesar por cuatro fases diferentes: una, que podríamos decir corresponde a los Nirvanakayas; otra, que podríamos denominar Addikayas; otra, que podríamos denominar Sambogakayas; otra, que podríamos clasificar como Dharmakayas (son cuatro estados por los cuales hubo de pasar, cuatro estados de esplendor y de Vacío Iluminador).

Así pues, cuando consiguió sumergirse definitivamente entre el seno de la gran realidad, quedó convertido, dijéramos, en un bello niño, lleno de belleza.

Antes de alcanzar ese estado, asumió distintos aspectos psicológicos, extraordinarios. Ahora mora en esa región de la luz, entre el Gran Océano, no como un Mahatma (porque no lo es), no como un Ángel (porque tampoco lo es), sino como un Buddha Elemental.

Obviamente, para él no están cerradas las oportunidades, porque a todos se nos otorgan tres mil ciclos. Él ha de aprovechar las oportunidades que se le han de deparar en la futura Sexta Raza Raíz, después del gran cataclismo que se avecina.

Lo que hizo pues, ese ciudadano, fue aplazar su autorrealización, para la futura Sexta Raza Raíz. Se puso a pensar qué haría él, andando por esta “cloaca del Samsara”, sufriendo y exponiéndose al descenso, una y otra vez, dentro del mundo soterrado. Por eso, sintiéndose incapaz, aplazó para una futura Edad de Oro

Así pues, estamos ante el dilema del Ser o del no Ser: o andamos por la Cuarta Vía, que nos lleva a la autorrealización, o resulta mejor (en ese caso) aplazar.

Porque, triste sería seguir en esa “cloaca del Samsara”; horroroso es tener que descender en los mundos infiernos, para recomenzar la jornada.

Hemos de examinarnos a sí mismos: o servimos, o no servimos; o nos sentimos capaces de hollar la senda, o no nos sentimos. Si honradamente no nos sentimos, mejor es que disolvamos el ego, que despertemos, y que luego nos sumerjamos entre el seno de la Gran Realidad, hasta la futura Sexta Raza Raíz, en que habrá una nueva Edad de Oro, con condiciones favorables.

Nosotros mismos tenemos que examinarnos, juiciosamente. No hay más, repito.

Existe, en el Tíbet, una escuela que merece que la examinemos muy seriamente. Quiero referirme a los “Bonzos”.

La Blavatsky enfatiza la idea de que éstos son magos negros, de capacete rojo. Asegura que los “Dugpas”, también son tenebrosos, mas es necesario examinar tal punto.

Sobre los Dugpas, francamente, no cabe duda de que sí son magos negros, de que practican tantrismo negro (con eyaculación del ens seminis), de que desvían la fuerza sexual, de que se convierten en tántricos tenebrosos (de eso no hay duda), pero en cuanto a los Bonzos; me parece que hay que analizar y rectificar.

La iniciación Bonz, es terrible. Si un individuo, por ejemplo, quiere seguir la senda, es sometido a rigurosas pruebas: el Sacerdote hace sonar su trompeta, formada ésta con huesos de muertos; se le advierte al neófito de todos los peligros, se le invocan a los yoes psicológicos (a la agrupación, dijéramos, de agregados que cada cual carga adentro); se los hacen visibles y tangibles en el mundo físico, y se les ordena a esos agregados animalescos que se lo devoren, que se lo traguen.

Si el sujeto permanece sereno, nada sucede; si no permanece sereno, puede morir, devorado por sus propios agregados psíquicos, materializados físicamente (así viene él a saber cuál es su ego, su yo).

Si permanece sereno, sabe que tiene que disolver los elementos inhumanos que lleva (se los han materializado físicamente, para que los vea); ya sabe, entonces, cuál es el camino: desintegrarlos.

La iniciación Tantra de los Bonzos, es formidable. Después de tal Iniciación, entra a trabajar (de una vez) con el tantrismo: a transmutar el esperma en energía ─con su esposa sacerdotisa─ a trabajar de verdad. Se le dice cómo él ha de desarrollar todas las facultades y poderes, hasta llegar a la autorrealización íntima del Ser.

Mas si el sujeto lo que quiere es no volver, si no se siente capaz de autorrealizarse, si no es la iniciación Tantra lo que quiere, sino emanciparse, aplazar la autorrealización para la futura Sexta Raza Raíz, puede hacerlo: se le enseñan dos mantrams, los vocaliza, los canta el neófito, y al proceder así, su cuerpo cae muerto instantáneamente.

Entonces, fuera ya de su vehículo físico, comienza a ser instruido por los Bonzos: lo hacen pasar por todos los terrores que hay, hasta que al fin, disuelto el ego, puede emanciparse y sumergirse, como un Buddha Elemental, entre el seno de la gran realidad, y aguardar ahí, hasta que pase esta Edad del Kali Yuga.

Es terrible, sí, la presencia de un Sacerdote Bonz. Cuando se presenta con su delantal ─que está formado por puros huesos y cráneos de muertos─, con esa mitra roja y el puñal en la mano diestra, asombra, horroriza. Por todos esos motivos, la blavatsky los calificó de “magos negros”.

Pero analizando esta cuestión juiciosamente, venimos a evidenciar que no son Magos Negros, porque no practican tantrismo negro. Para ser mago negro, hay que practicar tantrismo negro, y ellos no practican tantrismo negro.

La iniciación que dan, cuando alguien intenta meterse por la Senda del Filo de la Navaja, es tantra y blanca: se le enseña, al iniciado, la transmutación del esperma en energía; se le dan los mantrams para el despertar de los chacras y se le conduce por la Cuarta Vía.

Luego entonces, los bonzos no son magos negros; lo que son es radicales, violentos, nadie los entiende. Ni la Blavatsky los entendió, por eso los juzgó equivocadamente.

De los Dugpas, no dudo mucho: esos sí enseñan tantrismo negro. Me parece, pues, que con respecto a los Bonzos, nos toca rectificar.

Estamos nosotros ante el dilema del Ser y del no Ser de la Filosofía. Ahora, hay algunos que pueden trabajar en la Cuarta Vía, y llegar basta la Quinta Iniciación del Fuego, es decir, se hacen Adeptos, ingresan a la Fraternidad Oculta.

Quien llega a la Quinta Iniciación, se encuentra ante dos caminos (pero eso es cuando se llega a la Quinta Iniciación). Uno, es la Vía Directa que lo lleva hasta el Sagrado Sol Absoluto, y más aún: hasta lo Absoluto Inmanifestado Shakti. El otro, La Espiraloide, la de los Nirvanis: sujetos que se sumergen dentro de la dicha, del Nirvana.

Los primeros, los de “la Directa”, renuncian al Nirvana por amor a la humanidad; los segundos no renuncian al Nirvana: se sumergen en el mismo, sólo toman cuerpo en muy raras ocasiones, viven en un estado de felicidad inconcebible, más allá del bien y del mal.

Cuando toman cuerpo, dan un paso hacia adelante y vuelven a sumergirse en el Nirvana para siempre.

Así pues, es más su felicidad y muy poco su dolor; así pueden llegar al Absoluto, en algún futuro Mahamanvantara.

Sin embargo, para poder llegar ellos al Absoluto, han de pasar por muchísimos Mahamanvantaras (tal vez por miles o millones de los mismos), porque como quiera que ahí viven en felicidad, no tienen “afán” de llegar al Absoluto. Son felices y eso es todo.

En Alquimia, a las dos vías se les dan dos nombres. A la Vía Directa se le dice la “Vía Seca”; a la Vía Espiral se le dice la “Vía Húmeda”.

Aseguran los alquimistas que para realizar el trabajo en la Vía Directa, es decir, en la Vía Seca, se gastan ocho días. Dicen los mismos alquimistas (grandes Maestros del Arte Hermético), que para realizar el Gran Trabajo (la Magna Obra) en la Vía Húmeda, se gastan dieciocho meses.

Naturalmente, se está hablando de números simbólicos. Esos “ocho días”, son realmente ocho años que aluden al individuo que realiza la Gran Obra.

Cualquier alquimista medieval, después de haber preparado sus fuegos durante muchos años de sacrificio y de esfuerzo, al fin consigue ingresar en la Gran Obra, la cual (ya he dicho y vuelvo a repetir) se realiza en ocho años, pasado los cuales viene la autorrealización, la resurrección, el Rey sale de allá…

Hiram Abiff se levanta de su sepulcro de cristal y viene aquí al mundo; entra, dijéramos, dentro de su cuerpo humano, para hacer una gran labor.

Los otros, se dice que en dieciocho meses realizan la obra. Si examinamos cabalísticamente ese número, veremos al numero nueve repetido dos veces, y significa que estarán ellos en contacto siempre, una y otra vez, con la novena esfera, a intervalos, durante millones de años, es decir, a través de sucesivos Mahaman-vantaras.

He ahí, pues, el modo de hablar alquimista y cabalista.

Estamos, pues, ante el dilema del Ser y del no Ser de la filosofía. Hemos mostrado la vía, hemos demostrado que existe una emancipación para el que no quiere la autorrealización, es decir, el aplazamiento (muchos han aplazado).

Hemos dicho que, de los mismos que entran en el camino, al llegar a la Quinta Iniciación de Fuego, se encuentran ante La Espiral o ante La Directa, es decir, hablando como alquimistas: ante la Vía Húmeda o ante la Vía Seca.

Si examinamos cuidadosamente, pues, la autorrealización, vemos que en la senda hay que trabajar con la energía creadora del Tercer Logos, con esa fuerza ma-ravillosa que nos trajo a la existencia.

Así que, en modo alguno sería posible crear los Cuerpos Existenciales Su-periores del Ser, a base de puras teorías, o de preconceptos, o de rica erudición, o con ejercicios meramente físicos, como en los Hatha yoguines, o los que realizan los diversos faquires.

Porque si se trata de crear, tenemos que apelar a esa misma fuerza con el que el Logos creó. Así como el universo, todo, tiene un caos (en lo macrocósmico, de donde salió), así también el microcosmos hombre tiene su caos, y éste es el esperma sagrado.

Ese caos metálico, donde están todos los elementos en desorden, es un caos muy similar al que existe en el espacio, antes de que un sistema solar nazca, antes de que un mundo brote.

Y así como el Logos-Arquitecto creó entre el caos (separando las “aguas superiores” de las “inferiores”), creó un orden donde había desorden, así también nosotros, con ese caos que existe en el microcosmos (porque “tal como es arriba, es abajo”), podemos repetir en chico lo que el Creador hace en grande: trabajar con las mismas fuerzas del Creador, con esas mismas fuerzas naturales.

Es obvio que lo superior y lo inferior se hallan correlacionados. Son dos Logos: el uno, el del macrocosmos con su caos, y el otro, el del microcosmos hombre con su caos.

¿Cómo trabajó el Demiurgo-Arquitecto, cómo manejó las leyes que pusieron en existencia al universo? En la misma forma, si queremos crear el universo interior dentro de nosotros mismos, tenemos que utilizar la misma técnica creadora.

Así es como venimos nosotros, pues, a saber cómo el Creador creó el universo. Al trabajar en nosotros mismos, venimos a manejar las leyes que el Creador manejó, cuando creó el macrocosmos.

Imaginemos, por un momento, el espacio infinito, y veremos al Logos crear. Al crear dentro de nosotros mismos (en nuestro caos metálico), lo que hacemos es am-pliar la creación del logos.

Nos toca una parcela del espacio, dijéramos (hablando en forma figurada), para proyectar en ella una creación. Es decir, venimos a hacer (en esa parcela) lo que el Logos hizo en todo el espacio inmenso.

Proyectamos así, ampliamos en esa forma la creación del Logos, se hace más profunda la creación, y se hace más profunda porque venimos a crear en nosotros mismos, venimos a dar vida a un universo interior, microcósmico; venimos a completar la obra del Creador en nosotros mismos, convirtiéndonos nosotros mismos en dioses, venimos a ser el “non plus ultra” de la creación del Logos.

Al fin, Él viene a ver el resultado de su obra, ampliada por nosotros mismos. Así, en esta forma, tenemos que imitar al Creador.

Hace algunos años, se me instruyó sobre este punto en forma tremenda. Me vi en el amanecer del Mahamanvantara, reviví algo que había vivido durante la aurora. Me vi con mi Walkiria, y no con (dijéramos) mi Sacerdotisa terrenal. No, sino con mi Walkiria, mi “Mujer Salamandra”.

¿Y cuál es esa Mujer Salamandra? Pues el Alma- Espíritu de uno mismo, la Esposa Espiritual, la Sulamita del sabio Salomón, aquélla a la que él le cantara en su maravilloso canto “El Cantar de los Cantares”, esa es la esposa de Lot, que cada uno de nos lleva adentro.

Me vi, en la aurora, como uno de aquéllos del Ejército de la Palabra. Entonces trabajé con ella; servimos, dijéramos, de Cosmocratores.

Ella hizo subir, por decirlo así, en su Ser, el agua superior, separándola del agua inferior o caótica, y así puso ella el agua, yo puse el fuego. Entonces ella, cargada su agua por ese fuego, fue fecundada.

Ese tipo de agua, cargada con fuego, cayó otra vez al caos y se formó entonces algo extraordinario, es decir, un nuevo tipo de caos, de donde brotó el semillero de la vida.

Y así como procedí, procedieron todos los Cosmocratores y surgió el universo en el amanecer, después de la noche profunda del Pralaya.

LA SOLUCIÓN DE LOS PROBLEMAS  MEDIANTE LA FILOSOFÍA DE LA MOMENTANEIDAD  Y EL MANEJO DE LOS TRES CEREBROS

Es necesario aprender a no forjarse problemas en la vida; es preferible, mas bien, salir al campo, llevar una vida que está en harmonía con el Infinito.

Los problemas no son más que formas mentales, formas creadas por la mente. ¿Qué es un problema? Es una forma mental con dos polos: uno positivo y otro negativo. Esas formas son sostenidas por la mente y dejan de existir cuando la mente deja de sostenerlas.

¿Qué es lo que debemos hacer nosotros? ¿Resolver problemas? ¡No, no es eso lo que se necesita! ¿Entonces qué? Lo que se necesita es disolverlos ¿Cómo se disuelven? Sencillamente, olvidándolos.

Cuando alguno esté con una preocupación, salga un poco al campo y procure ponerse en armonía con todas las cosas, con todo lo que es, con todo lo que ha sido y con todo lo que será.

Olvidar problemas es básico. Ustedes me dirán que “es imposible olvidar los problemas”, pero sí es posible. Cuando uno quiere olvidarlos, lo único que tiene que hacer es poner a trabajar cualquier otro centro de la máquina orgánica.

Recuerden ustedes que el organismo humano tiene cinco centros o cilindros muy importantes:

Primero, el Centro Intelectual, situado en el cerebro; segundo, el Centro Emocional, que está ubicado, naturalmente, en el Plexo Solar y centros nerviosos simpáticos; el tercero, el Centro Motor, se encuentra en la parte superior de la espina dorsal; el cuarto, el Centro Instintivo, se encuentra en la parte inferior de la espina dorsal, y el quinto, el Centro Sexual, obviamente se encuentra en el sexo.

Estos cinco centros son básicos e indispensables, y hay que aprender a manejarlos.

Sinteticemos un poco: pensemos únicamente en el Centro Intelectual, o sea en el hombre meramente intelectual; pensemos en el hombre emocional y pensemos también en el hombre motor-instintivo-sexual.

Así, sintetizando, creo que nos vamos a entender, ¿verdad? Ahora, en cuanto al hombre intelectual, él es el que crea los problemas de todo tipo.

Si ustedes tienen problemas, ya dije que se resuelven olvidándolos, que lo importante no es resolverlos, al fin y al cabo, sino disolverlos.

Entonces, ¿cómo proceder? Poniendo a trabajar el Centro Emocional. Eso es lo interesante, porque entonces el Centro Intelectual descansa y así olvidamos el problema.

Y si queremos trabajar con cualquier otro centro, pondríamos a funcionar el centro Instintivo-Motor, más ya esto sería diferente.

Aquí, en este Bosque de Xochimilco, hemos puesto a trabajar al Centro Emocional y al Instintivo-Motor. Al Emocional lo hemos puesto a trabajar mediante el intercambio de impresiones, de alegrías, y el Instintivo-Motor lo hemos puesto a trabajar, montando a caballo, yendo y viniendo por este bosque, que es tan hermoso.

Pues bien: les estoy dando a ustedes la clave para disolver los problemas, y esto es muy importante, ¿verdad?

Si ustedes me arguyeran que así no se puede resolver, por ejemplo, el pago de una Letra, o impedir que nos “corran” de la casa por no pagar el alquiler, o el pago de una deuda, etc., yo les diría que los hechos son hechos y ellos andan por sí solos, pero que el problema es algo diferente. El problema es algo que la mente crea; cuando uno lo disuelve, el problema para uno deja de existir.

Las gentes tienen miedo de resolver un problema, tienen miedo de olvidarlo, y eso es muy grave. Piensan, por ejemplo: “Si no pago el alquiler de la casa, me corren: tengo que salir de ella y ¿a donde voy?” (he ahí el temor).

Primero que todo, uno tiene que aprender a no temer; eso es lo más importante: No temer. Cuando termina el temor, la vida le reserva a uno muchas sorpresas agradables.

A veces lo que parecía insoluble, se vuelve soluble, lo que parecía un problema demasiado difícil, resulta más fácil que tomarse un vaso con agua. De manera que la preocupación saldría sobrando, ¿verdad?

La preocupación daña la mente, la preocupación la crea la mente embotellada en el problema. Es claro que el problema (con sus dos polos, positivo y negativo), que no es más que una forma mental, hace conflicto allá adentro y entonces viene la preocupación, que daña a la mente y daña al cerebro también.

Aprender a vivir de instante en instante, de momento en momento, es lo que yo les recomiendo; aprender a vivir sin preocupaciones de ninguna especie, sin formarse problemas.

Cuando uno aprende a vivir de segundo en segundo, de instante en instante, sin proyectarse hacia el futuro y sin las cargas dolorosas del pasado, ve la vida desde otro ángulo, la ve en forma diferente, la ve muy distinta. Hagan ustedes el ensayo, se los aconsejo.

Se me ha ocurrido platicarles a ustedes de esto, en este Bosque de Xochimilco, debido a que veo mucha gente contenta; unos van y otros vienen, montando a caballo bajo todas estas arboledas.

Viene la pobre gente huyéndole a los problemas que verdaderamente se crean ellas mismas. Pero, por más que huyan, si no los olvidan los problemas continuarán existiendo.

Así pues, ese es el consejo que les doy: nunca sientan ustedes temor por nada.

Ahora, no quiero con esto decirles que no haya que hacer algo, que no se debe trabajar, que no haya necesidad de conseguir dinero para la subsistencia, o para pagar las deudas, etc. Todo eso hay que hacerlo, pero sin crearse problemas en la mente.

Aprendan ustedes a manejar los tres cerebros (el intelectual, el emocional y el motor) y verán cómo cambian. Si hay preocupación emocional, cambien de centro: pongan a trabajar el cerebro instintivo-motor, salgan a pasear, monten a caballo, caminen aunque sea, pero hagan algo distinto, y verán ustedes que la vitalidad no se les agotará, el cuerpo físico se les rejuvenecerá maravillosamente, etc. Ese, pues, es el consejo que les doy.

Allá, por el Asia, hay un monasterio budista muy interesante. Allí los monjes viven cuatrocientos o quinientos años porque saben manejar el cerebro intelectual, el cerebro emocional y el cerebro motor.

Cuando se cansan del cerebro intelectual, utilizan el emocional, cuando se cansan del emocional, utilizan el cerebro motor, y en esa forma ellos mantienen la energía, no agotan sus valores vitales.

Hay quienes creen que cuando uno viene al mundo, es porque ha debido nacer en esa fecha y hora determinadas (bueno, en eso no tengo nada que discutir), pero además piensan que uno tiene que morir en determinada fecha y a determinada edad, y eso sí es algo discutible.

Lo que sucede es que los Señores del Karma le entregan a uno determinada capital de valores vitales que son depositados en los cerebros intelectual, emocional y motor. Si uno agota cualquiera de ellos, muere muy rápido, pero si uno conserva sus valores, puede vivir hasta la edad de noventa o cien años, y aún más.

De manera que, lo que hay que hacer es aprender a manejar los tres cerebros. ¿Entendido? Comprendan por qué les hablo del hombre intelectual, del hombre emocional y del hombre instintivo-motor.

Aprendan, pues, a manejar sus tres cerebros en perfecto equilibrio, y verán ustedes que sí pueden conservar sus valores vitales y vivir una larga vida.  Esto es semejante al hombre que sale a viajar con determinada cantidad de dinero. Si despilfarra el dinero, no llegará al final del viaje, pero si lo conserva, no sólo llega al final del viaje, sino que además tiene con qué pagar un magnífico hotel y regresar tranquilo a su casa.

Así que, repito, aprendan ustedes a manejar sus tres cerebros. ¿Me han entendido?

Uno siempre va muriendo por partes. Fíjense ustedes que F.D. Roosevelt, por ejemplo, empezó a morir cuando contrajo la parálisis, es decir, la parálisis de su cerebro motor fue el comienzo que produjo a la larga su muerte.

Y en cuanto a otros, hay quienes mueren a causa del cerebro intelectual: abusan tanto del intelecto, tienen tantas preocupaciones, que agotan los valores que están en ese cerebro, y por allí comienzan, hasta que al fin mueren. También hay otros, como los artistas de la pantalla, que abusan del cerebro emocional. Por allí comienzan, hasta que al fin se les afecta el corazón y mueren.

Así es la humanidad. Ustedes no sigan por ese camino. Aprendan a manejar sus tres cerebros con perfecto equilibrio, no despilfarren los valores vitales y llegarán a la ancianidad.

EL MENSAJE GNÓSTICO

La inquietud espiritual de este siglo, se inició, ciertamente, con la Maestra Helena Petronila Blavatsky.

No quiero decir que no hubiesen existido escuelas esotéricas en los siglos anteriores; lo que estoy señalando es que la inquietud esotérica contemporánea, comenzó con la labor iniciada por dicha Maestra.

Ella, realmente, estuvo en el Shangrilá y su Maestro o Gurú fue el gran Maestro Kout Humi.

De joven se desposó con el anciano Conde Blavatsky, con quien no hizo vida marital; sólo permaneció a su lado unos pocos meses, viajando con él por Egipto, la India y el Tíbet, pues en aquel entonces era muy mal visto que una mujer viajara sola. Durante esos viajes, conoció a su Maestro.

¿Que poseyó poderes extraordinarios? ¡Es verdad! ¿Que estuvo relacionada, espiritualmente y en forma personal, con los Maestros del Tíbet? ¡Es cierto! Escribió obras notables, como “La Doctrina Secreta”, “Isis sin velo”, “La Voz del Silencio”, etc.

Los duros sufrimientos que tuvo que soportar, se debieron precisamente a la dificilísima misión que se le encomendó: la de convencer escépticos, a quienes dio muestras de sus notables poderes psíquicos.

Ella fue la razón por la que el inglés Sinnet y el Maestro Kout Humi, iniciaron una importantísima correspondencia. En cierta ocasión, a una petición del inglés, el Maestro contestó: “¿Está seguro de que si me viera personalmente, no perdería el interés que tiene por mi correspondencia?”

¡Así es como conocemos la sapiencia de los Maestros! Les aseguro a ustedes que si vieran aquí al Maestro Hilarión, o Moria, o al Conde San Germán, si vinieran a vivir aquí con nosotros, en nuestro ambiente, los primeros días ustedes no saldrían de esas casas los cinco millones de pseudo ocultistas, espiritualistas y simpatizantes, se desvivirían por conocer a los Maestros. Después, ¡quién sabe si hasta el saludo les quitarían!

Afiliados o simpatizantes de estos estudios, los hay por millones, pero a la hora de la prueba, a la hora de tener realmente que resolverse, de tener que definirse, en verdad, por el Ser o No Ser de la Filosofía, todos ven la cosa tan grave que huyen despavoridos, no queda uno.

La mayor parte de las personas buscan estos estudios por diversión, como quien va a los toros o al cine.

La Maestra Helena Petronila Blavatsky, tuvo que sufrir muchas vejaciones y humillaciones, no obstante haber obrado prodigios y maravillas (demostrando sus poderes), para convencer a los incrédulos.

Esa fue su misión, por cierto muy dura, pues cuando se ha convencido a diez incrédulos, vienen mil; cuando se ha convencido a mil, vienen diez mil, y así, ¿cuándo vamos a terminar de convencer incrédulos?

Nosotros, por nuestra parte, estamos cumpliendo una misión trascendental: entregar el mensaje a la humanidad.

Y en nuestro caso concreto, no nos dedicaremos jamás a convencer incrédulos; nos dedicaremos, exclusivamente, a formar el Ejército de Salvación Mundial y a trabajar de acuerdo con el Circulo Consciente de la Humanidad Solar, sobre los planes de una nueva civilización y una nueva cultura.

A pesar de que llevamos treinta y cinco años haciendo esta labor, considero que estamos empezando. Hay unos cinco millones de gnósticos, esparcidos en el mundo, que estudian nuestra doctrina.  Pero, con todo, considero que estamos en el comienzo de esta gran obra.

El mensaje que debemos entregar, se divide en tres partes. La primera es el “Kinder”, la segunda es la enseñanza superior, contenida en los “Mensajes de Navidad” de cada año, y hay una tercera parte, que es más trascendental.

No trataré de convencer incrédulos, no perderé el tiempo en cosas inertes. El que quiera aceptar la doctrina, que la acepte: el que quiera rechazarla, que la rechace; que cada cual la interprete, con su mente, como bien quiera. El que quiera creer, que crea; el que no quiera creer, que no crea (eso no nos interesa).

Obviamente, no podemos esperar que el anticristo de la falsa ciencia, vaya a dar su brazo a torcer “así porque sí”. Los conocemos muy bien; sabemos que sus seguidores son soberbios, creen que lo saben todo. Lo más seguro es que lanzarán contra nosotros sus ataques y su baba difamatoria, pero eso nos tendrá sin cuidado.

A nosotros no nos va a suceder lo que a Madame Blavatsky, que la mataron con tantas calumnias, que murió de tristeza, y por eso la llaman “la gran mártir del siglo pasado”.

A nosotros no nos dolerán las calumnias de la gente. “No soy más porque me alaben, ni menos porque me vituperen; yo siempre soy lo que soy”. De manera que si dicen, que digan; si no dicen, que no digan. ¡Una sola cosa es la que nos interesa: entregar el mensaje y eso es todo!

Hablamos así, apoyados en la experiencia. Podríamos dar muchas demostraciones, pero no tiene caso. Convencer incrédulos, es un gran error.

Eso fue, precisamente, lo que llevó a la muerte a madame Blavatsky. Es claro que la mujer resulta exquisitamente sensible y al verse ella tan vejada públicamente, humillada y calumniada, enfermó y murió.

Sabemos, pues, lo que es la humanidad. Conocemos aquella sonrisa sutil de los incrédulos. Ya dijimos anteriormente, que si hoy convencemos a diez mil escépticos, mañana nos llegarán un millón de los mismos y nunca terminaríamos esa tarea absurda.

Nosotros somos, en ese sentido, más prácticos: entregamos las claves para que cada cual se convenza por sí mismo.

Si es que alguien quiere convencerse, que experimente “en su propio pellejo”, y no en el nuestro.

Enseñamos, por ejemplo, cómo salir en cuerpo astral, para que cada cual se convenza por sí mismo. Enseñamos el sistema para meter el cuerpo físico dentro de la cuarta dimensión, para que cada cual vaya en cuerpo de carne y hueso, a experimentar las cosas del ultra.

Así, quienes quieran ver, oír y palpar las grandes realidades de los mundos superiores, tendrán que tomarse la molestia de trabajar sobre sí mismos.

Les entregamos los secretos del Gran Arcano y la doctrina escrita en muchos libros que se encuentran ya en muchas partes del planeta Tierra.

Estamos haciendo el trabajo que nos encomendó el Circulo Consciente de la Humanidad Solar: de formar el Movimiento Gnóstico, y éste será cada vez más poderoso. Son muchas, miles de personas las que estudian nuestros libros y se multiplicarán mucho más en el futuro.

Hemos emprendido una gran campaña de publicidad en toda la América Latina, Estados Unidos, Canadá, Europa, América y Asia.

Hemos lanzado misioneros en todas las direcciones, y éstos toman la palabra en universidades, casas culturales, radio, televisión, casas de familia, etc., y que además fundan escuelas, donde se estudian los Grandes Misterios y los aspectos científicos del cosmos infinito.

Nos proponemos crear el Ejército de Salvación Mundial. ¿Que hay reaccionarios? ¡Es verdad! Ustedes saben que hay muchas Escuelas de tipo pseudo  esotérico o pseudo ocultista, que aún continúan fieles a las teorías del pasado y que de ninguna manera aceptan nada nuevo.

Hay que dejarlos en paz con sus planes anticuados y rancios. Nosotros somos revolucionarios y los reaccionarios no podrán estar con nosotros.

Nuestras enseñanzas son para aquellos que acepten la revolución de la conciencia.

Necesitamos la liquidación o desintegración del ego; necesitamos que los agregados psíquicos desaparezcan totalmente, para liberarnos del error y del dolor.

Porque, realmente, el animal intelectual equivocadamente llamado hombre, lo único que tiene (lo más decente) es la esencia, el material psíquico, que no es otra cosa que una fracción del alma Humana (el Manas Superior de la Teosofía). Es decir, que el humanoide todavía no posee alma.

En todo caso, lo más importante en la vida del ser humano es convertirse en hombre de verdad, en un “chamberón” (que significa “sabio” o “santo”), en el sentido más completo de la palabra.

Es claro que, para ser sabio y santo, se necesita morir en sí mismo, porque de otra manera es imposible convertirse en un “chamberón”.

La triada inmortal: Atman-Buddhi-Manas, se cita en muchos textos sagrados, pero ¿quién la ha encarnado? El hecho de que muchos iniciados (en el pasado) no dieran a conocer toda la verdad, fue necesario.

Había que hablar en los términos en que ellos lo hicieron, para despertar el interés del publico. Tal vez si antes se hubiera aclarado que el ser humano todavía no tiene encarnada su alma humana, y que solamente tiene una fracción de alma encerrada dentro del ego, las gentes habrían rechazado esta verdad.

El Dr. Rudolf Steiner, en 1912 profetizó que vendría una enseñanza de tipo superior, y obviamente, ya se está dando. Había que preparar primero el ambiente, y claro que ya está preparado. Solamente así se le podía entregar a la humanidad esta enseñanza superior.

Sabemos que la esencia es una fracción de alma, pero con esa fracción podemos elaborar lo que el tao llama “embrión áureo”.

Ese embrión áureo viene a establecer, en nosotros, un perfecto equilibrio entre lo material y lo espiritual. Pero no es posible elaborar dicho embrión, si antes no hemos liberado a la esencia que se encuentra embotellada dentro del ego, del yo, del mí mismo.

Desintegrando el ego, la esencia o buddhata se transforma en el embrión áureo. Sólo una persona que posea el embrión áureo, está consciente. Quien consiga elaborar dentro de sí el maravilloso embrión áureo, despierta en todas las regiones o mundos del espacio, y encarna a su triada inmortal.

Incuestionablemente, quien logra ese propósito, se convierte en hombre legítimo, en Adepto del Circulo Consciente de la Humanidad Solar. ¡Eso es todo!

ESTUDIO GNÓSTICO SOBRE EL ALMA

Vamos a empezar nuestra cátedra de esta noche: Ante todo, mis queridos hermanos, se hace necesario conocer el camino que nos lleva a la autorrealización íntima del Ser.

Indubitablemente, es urgente comprender la necesidad de cristalizar en nosotros eso que se llama “alma”.

Jesús El Cristo dijo: En paciencia poseeréis vuestras almas. Mas, antes que todo, conviene entender qué cosa es eso que se llama alma.

Ciertamente, he de decirles que el alma es un conjunto de leyes, principios, virtudes, poderes, etc. Las gentes poseen la esencia, el material psíquico para fabricar alma, o mejor dijéramos, para cristalizar el alma, mas todavía no poseen el alma.

Obviamente, quien quiera poseer eso que normalmente se denomina alma, deberá desintegrar los elementos psíquicos indeseables que en nuestro interior cargamos: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc.

Virgilio, el Poeta de Mantua, dijo: Aunque tuvierais mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríais a enumerar todos vuestros defectos cabalmente.

Obviamente, estos últimos se denominan en el Tíbet agregados psíquicos. Tales agregados se parecen mucho a los elementarios de que hablan las diversas organizaciones de tipo ocultista y son la viva representación de nuestros errores.

Se dice que Jesús de Nazaret arrojó del cuerpo de María Magdalena siete demonios. Indubitablemente, estos representan a los siete defectos capitales y se multiplican incesantemente.

Tal afirmación del crístico Evangelio, quiere decir que el Cristo Íntimo arrojó de María Magdalena, los diversos agregados psíquicos inhumanos que ella poseía.

Cada uno de esos agregados está organizado en una forma muy similar a la personalidad humana; poseen sus tres cerebros: el intelectual, el emocional y el motor-instintivo-sexual; cada agregado parece una persona realmente.

Si nosotros decimos que dentro de nuestra persona humana hay muchas personas (viviendo, diría yo), no estamos exagerando la nota, así es.

Todos esos agregados se combaten mutuamente entre sí, luchan por la supremacía; cada uno de ellos quiere ser el amo, el señor, y aquel que se logra imponer, aquel que logra controlar los cinco cilindros de la maquina orgánica en un instante dado, se cree el único; momentos después, sin embargo, es derrocado y otro ocupa su lugar.

Así que, en realidad de verdad, cualquier persona no es la misma, siquiera durante media hora, ¡parece esto increíble, pero así es! Ustedes mismos, sentados aquí en Segunda Cámara, escuchándome, empezaron con un agregado, se sentaron a oír (y ninguno está muy alerta), pero si ponen ustedes atención a lo que ha ocurrido en su interior hasta este preciso momento, descubrirán que ahora son diferentes, que no son los mismos que llegaron aquí y se sentaron.

¿Por qué? Porque el agregado psíquico que controla a la máquina orgánica, y que empezó sentándose, fue desplazado por otro que ahora está escuchándome; si dijese que ustedes son los mismos que empezaron, estaría abusando de la mente de ustedes y de la mía propia.

Así que, en realidad, de verdad, los agregados psíquicos están cambiando; tan pronto es uno el que controla los centros capitales del cerebro, como otro; nunca permanecen los mismos.

En cuanto a la esencia, que es lo más digno, que es lo más decente que tenemos en nuestro interior (la mismísima conciencia), incuestionablemente, se encuentra enfrascada entre todos esos múltiples agregados, procesándose en virtud de su propio condicionamiento.

Cada uno de ustedes es legión; recordemos lo que el Maestro Jesús preguntó al poseso del Evangelio bíblico: “¿Cuál es tu nombre? Y el poseso contestó: “¡Mi nombre es Legión! ¿Cual es el nombre de cada uno de los aquí presentes? ¡Legión!

No tienen ustedes una verdadera individualidad, no la han logrado; la conciencia, en cada uno de ustedes, duerme terriblemente. ¿Por qué? Porque se procesa en virtud de su propio embotellamiento; entonces, se halla en estado de hipnosis, y eso no se puede negar.

Y en cuanto al alma en sí misma, ¿han logrado acaso cristalizarla? Si dijera que no tienen ustedes un alma inmortal, estaría también mintiendo; consciente soy de que, obviamente, cada uno de ustedes tiene su alma inmortal, pero no la poseen.

Uno podría tener un bello diamante, guardado en alguna caja de seguridad; posiblemente gozaría uno pensando en que tiene tal prenda, mas si estuviese empeñada, no la poseería; sabría que tiene tal joya, pero también no ignoraría de que en verdad no la posee. Muchas veces alguien recibe una bella herencia y sabe que la tiene, pero una cosa es tenerla y otra cosa es poseerla.

El alma de ustedes, ¿dónde está? Viaja por la Vía Láctea, se mueve en toda esta Galaxia; mas ustedes, que están sentados aquí, no la poseen.

Saben que la tienen, pero una cosa es saber que la tienen y otra cosa es poseerla; así que, vale la pena poseerla.

Mas, ¿cómo llegaría uno a poseer su alma? Pues desintegrando, definitivamente, los agregados psíquicos, porque el alma y los agregados son incompatibles, son como el aceite y el agua: no pueden mezclarse.

Si nosotros no logramos desintegrar los agregados psíquicos, viva personificación de nuestros defectos de tipo psicológico, perdemos el alma.

“¿De qué serviría ─dice Jesús El Cristo─ si un hombre adquiere todos los tesoros del mundo, pero pierde su alma?. De nada le sirve eso.

¿Es posible perder el alma? Sí es posible. Quien ingresa a los mundos infiernos pierde su alma, eso es obvio. ¡Triste es perder ese tesoro!

¿Habría alguna forma como para no perderlo? Sí, repito: cristalizándola en sí mismo, aquí y ahora.

Cuando uno quebranta completamente y desintegra el agregado psíquico de la lujuria (o de los agregados, porque son muchos), cristaliza en la esencia que cargamos dentro, esa virtud preciosa del alma, conocida como castidad.

Cuando uno logra destruir, aniquilar el agregado psíquico del odio, cristaliza entonces en uno la preciosa virtud del amor; cuando uno consigue reducir a polva-reda cósmica el agregado psíquico del egoísmo, cristaliza entonces en uno, esa virtud preciosa del altruismo o del cristocentrismo; cuando uno consigue aniquilar el agregado psíquico del orgullo, entonces cristaliza en nosotros, la virtud inefable de la humildad.

Al llegar a esta parte de nuestra plática, he de decir que lamentablemente, muchos textos de tipo ocultista, esoterista, etc., lo llevan a uno al orgullo místico y eso es grave.

Connotados autores, muy venerables, afirman que “nosotros somos dioses”, que “cada uno de nosotros es un dios”. Obviamente, esta declaración viene a fortifi-car en nosotros el orgullo místico, que causa mucho daño en la senda de la autorrea-lización; porque uno, engreído, convencido de que sí es un Dios, puede transfor-marse en mitómano.

Incuestionablemente, no es posible convertirse en un verdadero iluminado cuando se tiene orgullo; no podría yo jamás pensar en un Dios borracho, fornicario,

adúltero, peleador, egoísta, envidioso, celoso, lujurioso, etc. (cada uno de nosotros, en realidad de verdad, es todo eso).

Me ha dado mucho dolor encontrar siempre, en los textos ocultistas, etc. (sin citar en este momento organizaciones, algunas muy venerables), esta tremenda afirmación, nociva, de que somos Dioses

Es mejor ser serios y concretarnos a la realidad de los hechos, mirar lo que somos y no forjarnos ilusiones.

Comemos, bebemos, fornicamos, adulteramos, odiamos, criticamos, somos celosos, etc., ¿creen ustedes, acaso, en un Dios así? Mejor es decir: “somos viles gusanos del lodo de la tierra” y estar convencidos de que lo somos. Si queremos convencernos, bastaría que fuéramos sinceros consigo mismos.

Si examinamos cuidadosamente nuestra existencia, descubrimos que en verdad no es una de las siete maravillas del mundo…

Ese examen que hagamos sobre nosotros mismos y sobre nuestra propia vida, será de maravillosas consecuencias, porque nos permitirá saber lo que somos, entender que no somos más que unos pobres pecadores, que somos viles gusanos del lodo de la tierra.

Así, de esa forma, marcharemos por el camino de la sencillez y de la humildad.

Cuando uno desintegra, en realidad de verdad, ese agregado psíquico del orgullo, cristaliza obviamente en nosotros la humildad, que es la virtud más preciosa.

Téngase en cuenta de que no solamente existe el orgullo basado en las posiciones sociales, en el capital, en el linaje de familia, etc., hay un orgullo mucho peor y más nocivo que todas esas formas que acabo de citar, y es el orgullo místico, el creernos santos, sabios, el sentirnos dioses, creer o suponer que nadie es más grande que nosotros, que somos grandes iniciados, etc.; esto es grave porque en realidad de verdad, el orgullo nunca permitirá que tengamos correcta relación con las partes más elevadas del Ser.

Cuando uno no puede relacionarse correctamente con las partes más elevadas del Ser, tampoco puede gozar de iluminación; tendrá que vivir atenido a libros, a leer, a escuchar a los conferencistas, mas nunca tendrá la experiencia mística de lo real.

Así que, primero que todo, se hace urgente realizar en estos estudios, que logremos eliminar de sí mismos al orgullo místico, que es el más peligroso; si lo conseguimos, aflora en nosotros la preciosa virtud de la humildad.

Cada vez que nosotros eliminamos un agregado psíquico, cristaliza una virtud, un poder, una ley, una facultad, un don, etc., así es como poco a poco vamos cristalizando alma en nosotros; esa alma que normalmente vive por allá, en la Vía Láctea, viajando, irá cristalizando lentamente en nosotros.

Sin embargo, hemos de afirmar también que si “el agua no hierve a cien grados”, no cristaliza en nosotros lo que debe cristalizar y no se desintegra lo que debe desintegrarse.

Con esto de que “el agua debe hervir a cien grados”, estoy hablando en forma parabólica; quiero decir que necesitamos pasar por grandes crisis emocionales para desintegrar cada defecto de tipo psicológico.

Sé del caso de una hermana gnóstica que está trabajando en forma terrible sobre sí misma, con peligro hasta de enfermarse de su corazón.

Esa hermana, en tremendos y supremos autoarrepentimientos, llora diariamente, y gime, sufre, nunca se ha creído más que nadie, y sin embargo es un Bodhisattva caído, el Bodhisattva de un ángel, ¡ojalá muchos imitaran ese ejemplo!

Quienes así actúan, con supremo arrepentimiento, trabajando sobre tal o cual defecto de tipo psicológico, incuestionablemente van desintegrando uno a uno los agregados psíquicos y en su reemplazo irá cristalizando en ellos, eso que se llama alma.

Y quien consiga la desintegración completa de todos los elementos psíquicos indeseables que en su interior carga, cristalizará en sí mismo el ciento por ciento de su alma (conjunto, repito, de virtudes o gemas inefables, atributos y leyes, dones y cualidades de perfección). Hasta el mismo cuerpo físico debe transformarse en alma; sólo así se llega a donde hay que llegar.

Conozco a muchos eruditos, de chispeante intelectualidad, que han bebido en todas las filosofías, ya sea de Occidente o del Oriente del mundo, que conocen el hebreo y el sánscrito y el griego, etc., mas sufren lo indecible, no gozan de la iluminación, porque no han fabricado ellos, todavía, al Bodhisita.

Esta palabra podrá sonarles a ustedes un poco extraña; se trata de un término oriental. En Japón, China, India, Nepal (donde naciera antes Gautama, el Buddha Sakya Muní), se denominaba Bodhisita al alma cristalizada en un hombre o en una mujer, claro está.

Es maravilloso ver cómo esos diversos elementos (virtudes y poderes), van cristalizando lentamente en la esencia, conforme esta se va liberando; por algo dijimos que la esencia es el material para cristalizar alma.

El término “fabricar” no nos parece muy correcto, lo encontramos en verdad muy pesado, grotesco; sin embargo, muchos autores usan ese término.

Permítaseme la libertad de disentir con el mismo, prefiero decir “cristalizar”, puesto que el alma no es algo que deba fabricarse; ella existe, lo que hay que hacer es cristalizarla, y esto es diferente.

Ustedes han visto, por ejemplo, un pedazo de hielo; es la cristalización del elemento agua.

Incuestionablemente muy frío tal elemento, toma forma y se convierte en hielo. Asombra ver la cristalización del agua, se realiza de acuerdo con ciertos principios geométricos extraordinarios.

En forma similar, sucede con el elemento alma: cristaliza de acuerdo con ciertos delineamientos matemáticos y geotécnicos precisos, indiscutibles; hasta el mismo cuerpo, este que tenemos, debe transformarse en alma y es posible transformarlo en alma, si en realidad de verdad nos lo proponemos.

Tenemos nosotros un cuerpo de carne y hueso; este cuerpo físico está formado por órganos, los órganos por células, las células por moléculas, etc.; no hay duda de que ha habido un principio directriz, inteligente, que ha promovido el ordenamiento de las células en forma de órganos.

A mi me da francamente risa, la idea de “células inconscientes”, ordenándose así, dormidas, en forma de órganos. ¡Qué absurdo es eso: “células dormidas, inconscientes, ciegas ─como dice Haeckel─ organizándose en forma de órganos; eso no le cabría en la mente a nadie! Dicen que “se organizan tales células en forma de órganos”, “usa esto lo inconsciente”; dicen algunos autores que no hallan qué hacer al ver las maravillas de este mundo, en el que “todo marcha en forma mecáni-ca”, como ellos creen, “sin un principio directriz”, y entonces necesitan un “inconsciente”.

No, las células están organizadas en forma consciente; gracias al principio inteligente de la Madre Natura, es posible que la células se organicen en forma de órganos. Pero si descomponemos un átomo cualquiera, sea del hígado, de los riñones o del páncreas, liberamos energía, eso es obvio.

De manera que en última síntesis, el cuerpo físico se resume en diferentes tipos y subtipos de energía, eso es indubitable.

Carlos Marx dice: “¿Qué es lo primero, la materia o la psiquis; la psiquis o la materia? Concluye diciendo que es primero la materia.

Eso es completamente absurdo, porque los mismos postulados de Einstein dicen que la materia no es sino energía condensada.

Recordemos aquél postulado de él, que afirma lo siguiente: Energía es igual a la masa, multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. La masa se transforma en energía, la energía se transforma en masa.

¿Qué es lo primero que existe? La energía, que luego cristaliza en masa. Entonces la psiquis, que es energía en el sentido más completo de la palabra, es lo primero, y luego viene la masa.

Veamos los mundos alrededor del Sol: son enormes masas, cada una con un peso definido, un volumen exacto, sin embargo, giran alrededor del Sol, movidas por energía solar.

Si no fuera por la energía solar, esos mundos quedarían dislocados en el espacio, rodarían eternamente hasta chocar con algún cometa, o con otros mundos; sería la anarquía, el desorden, el conflicto; pero los mundos marchan en forma organizada, y ellos se mantienen alrededor del Sol con exactitud.

Es la energía centrípeta las que los atrae, es la energía centrífuga la que los aleja; es la energía la que los pone a girar alrededor del Astro Rey.

Entonces, ¿qué es lo primero: la energía o la materia? Obviamente la energía, por que la misma materia no existiría si no existiera la energía.

Para que la materia exista, se necesita condensar la energía universal, y pasa a existir la materia, puesto que la materia es energía condensada.

En cuanto al organismo humano, lo primero que existe es la energía, ella permite a los átomos que giren alrededor de sus centros nucleares en la molécula, ella permiten que se realicen todas las funciones orgánicas; no solamente las funciones meramente reproductivas o químicas, sino también las funciones relacionadas con las calorías, las percepciones, etc. Aun más: aquéllas funciones que se relacionan con la imaginación y la voluntad.

No sería posible concebir un cuerpo orgánico desprovisto de energía. ¿Cómo se realizarían los fenómenos catalíticos, si no existiera la energía? Es que la energía es lo primero y la materia es lo segundo.

Si a esa energía la llamamos “espíritu” o “conciencia”, o lo que se quiera, no importa, pero es lo primero (el nombre no viene al caso); la realidad es que la energía es anterior a la materia.

Existe un cuerpo vital, orgánico, y eso ya está demostrado. Los rusos, con un aparato, han podido fotografiar el cuerpo vital, lo están estudiando.

No sólo lo están estudiando en relación con el organismo físico, sino lo que es más: lo están estudiando en forma independiente del organismo físico; lo han bautizado con un nombre, lo llaman “cuerpo bioplasmático”.

¿Resultado? El materialismo dialéctico en la Rusia Soviética ha quedado arrumbado por allí, en un rincón; ahora se estudia la parasicología intensivamente, se trabaja con la Hipnología.

De acuerdo a las estadísticas, el mayor porcentaje de material didáctico parasicológico, está viniendo de la Unión Soviética; esto ha molestado demasiado a los chinos, que califican ahora a los rusos de “revisionistas”; pero es que los rusos ya pasaron por donde los chinos ahora están pasando; eso es lo que ha sucedido.

continuando con estas cuestiones, diremos que el cuerpo vital es el que sostiene todos los procesos la vida orgánica, llamémosle Lingam Sarira o cuerpo bioplasmático, no importa.

A medida que nosotros vayamos desintegrando los agregados psíquicos inhumanos, a medida que vayamos cristalizando alma, una parte del cuerpo vital, la más elevada, se desprenderá de la parte inferior del mismo, y se integrará completamente con la esencia y con las virtudes que en la esencia hayan cristalizado.

El cuerpo vital tiene cuatro clases de éteres: El primero es el éter químico, mediante el cual se realizan todos los procesos de asimilación y eliminación orgáni-ca, así como los fenómenos catalíticos y otros.

El segundo es el éter de vida, mediante el cual es posible la reproducción y gestación de los seres vivientes.

Esos dos éteres son inferiores, pero hay dos superiores: el éter luminoso y el éter reflector.

El éter luminoso es el que sirve de medio a las fuerzas relacionadas con las calorías, con las percepciones, etc., y el éter reflector se relaciona con la imagina-ción y la voluntad.

Estos dos éteres superiores se desprenden de los dos inferiores para integrarse con la esencia, en la cual resplandezcan ya todas las virtudes del alma; así nace entonces el Hombre Etérico, el Hombre Cristo, el Hombre alma, el Hombre Espíritu, que puede entrar y salir del cuerpo físico a voluntad.

Se ha hablado mucho de los chacras (de las manos, de los pies), sobre la lanzada aquélla de Longibus en el costado del Señor, sobre la Corona de Espinas, etc.; esos son los estigmas.

En Gautama, el Buddha, aparecen esos estigmas en sus manos y en sus pies: son vórtices de fuerzas magnéticas, expansivas, en el cuerpo vital; se desarrollan completamente, cuando los dos éteres superiores se desprenden de los dos inferiores.

Esos dos éteres, organizados en la forma del Hombre Celestial, integrados con la esencia, enriquecidos por las virtudes del alma, forman el Hombre Etérico, el Hombre Cristificado de la Quinta Ronda.

Obviamente, estamos en la cuarta ronda; la primera ronda estuvo en el mundo de la mente, la segunda estuvo en el mundo astral, la tercera en el mundo etérico, la cuarta en el mundo físico, la quinta volverá a estar en el mundo etérico.

Entonces la vida se desenvolverá en el mundo etérico, y habrán hombres cristificados en aquélla época, como los hay ahora, y el hombre cristificado será así, como se los estoy pintando: tendrá un cuerpo etérico cristificado.

Tal cuerpo reemplazará al físico; tal cuerpo será el vehículo de una esencia enriquecida con las virtudes del alma. Ese Hombre Espíritu de la Quinta Ronda, será el Hombre Cristo.

Si ustedes logran comprender eso, comprenderán también la necesidad de cristalizar su alma. Sólo así podrán independizarse del cuerpo físico.

En realidad de verdad, el cuerpo de carne y hueso es muy denso, muy material, muy pesado. Cuando uno consigue fabricar el Soma puchikon, es decir, el cuerpo etérico cristificado, le sirve de vehículo a la esencia enriquecida con las virtudes del alma, ha nacido en uno el Hombre Espíritu; ese Hombre Espíritu ya no estará más preso en su cuerpo denso, podrá entrar y salir del cuerpo a voluntad, es un Adepto Glorioso.

En la vida, han habido algunos hombres que lo han logrado; no está demás citar a un Francisco de Asís; recordemos también a Antonio de Padua, místicos cristianos que han servido de ejemplo y que servirán de ejemplo a las gentes del mañana.

El Hombre Celestial, realmente ya no es un prisionero dentro de ese calabozo de la materia física; es libre para salir de ese cuerpo cuando quiera, para viajar con ese cuerpo a través del inalterable infinito; para sumergirse, con tal vehículo, en los mundos superiores; para descender al fondo de los mares o visitar a las dinastías solares, en el Astro Rey.

¿Pero cómo se lograría eso, si no elimináramos previamente los agregados psíquicos? Obviamente, sería imposible. Si queremos convertirnos en verdaderos hombres cristianos, necesitamos erradicar, de nosotros, todos esos elementos psíquicos indeseables que en nuestro interior cargamos.

Así que el Bodhisita de que nos hablan los orientales, es el Hombre Etérico, el hombre que ha cristalizado su alma en sí mismo, el que la posee, el verdadero Señor.

Aquel que posea al Bodhisita dentro de sí mismo, podrá sumergirse en el fondo de los océanos sin recibir daño alguno y visitar los Templos de la Serpiente.

En el Oriente, hay una planta que llaman “Salutana”, que cura cualquier herida por grave que ésta sea. Así son las heridas del alma: sólo el Bodhisita puede sanar tales heridas.

En el Oriente hay una planta que llaman “Buena Memoria”, quien la toma, puede recordar todos los acontecimientos de su vida actual y de sus vidas precedentes.

Así también es el Bodhisita: en forma similar, quien lo posea, podrá recordar todas sus vidas anteriores, y si visita a los cielos inefables, al regresar al mundo físico, al volver a entrar en su cuerpo, no olvidará detalle alguno.

En el Oriente hay una planta mediante la cual es posible contrarrestar los hechizos mágicos, malignos de los tenebrosos. Similarmente, quien posea el Bodhisita, no podrá recibir daño alguno de los tenebrosos.

En el Oriente hay una planta mediante la cual es posible hacerse invisible; quien posea al Bodhisita, podrá hacerse invisible en caso de necesidad, ante sus peores enemigos.

Así como un pescador puede lanzarse allí, en el fondo de los mares, entre los tiburones, y defenderse sin recibir daño alguno, así también es el Bodhisita: quien lo posea, similarmente podrá entrar en el fondo de los océanos, entre las bestias más feroces, sin recibir daño alguno.

Se dice que la Flor de Loto del Logos sostiene la vida universal; así también es el Bodhisita: quien lo posee, puede conservar su cuerpo físico vivo durante millones de años.

Son muchos los que me escriben a mí, quejándose de que no saben salir en cuerpo astral, de que no recuerdan nada de lo que sucede fuera del cuerpo físico, de que no tienen iluminación, etc.

¿Pero cómo puede tener iluminación el que no posea al Bodhisita? Sólo teniendo al Bodhisita, se posee la iluminación. Quien no posea al Bodhisita, no gozará nunca de la dicha de la iluminación.

La iluminación no es algo que se da de regalado; no, mis queridos amigos: cuesta, ¡y muy caro! La iluminación sólo se explica mediante el Dharmadhatu.

¿Y qué es el Dharmadhatu? El buen Dharma, la recompensa por los méritos adquiridos. Sólo el que posea, pues, el Bodhisita, es decir, sólo aquél que haya cristalizado alma, podrá gozar de la iluminación, tendrá méritos para ello.

La iluminación se explica con el Dharmadhatu, es decir, con el Dharma universal, por la recompensa por nuestras buenas acciones.

Nadie podría gozar de la iluminación si no posee al Bodhisita, y nadie podría tener al Bodhisita si no ha trabajado duro sobre sí mismo, si no ha desintegrado los agregados psíquicos.

Así que, mis queridos amigos, necesitamos trabajar sobre sí mismos, si es que queremos la cristificación, si es que queremos poseer eso que se llama alma.

“En paciencia poseeréis vuestras almas”; así está escrito en el Evangelio del Señor.

Obviamente, se necesita de una didáctica para poder aniquilar los agregados psíquicos; incuestionablemente, hemos de empezar por la auto-observación psicológica.

Cuando uno admite que tiene una psicología individual, particular, propia dijéramos, es claro que se propone auto-observarse.

Es en relación con nuestras amistades, en la calle, en el templo, en la casa, en el trabajo o en el campo, etc., donde nuestros defectos psicológicos escondidos afloran; si nosotros nos auto-observamos en forma continua, podremos verlos.

Defecto descubierto, debe ser abierto con el bisturí de la autocrítica, para ver qué es lo que tiene de verdad; en vez de estar nosotros criticando vidas ajenas, tenemos que auto-criticarnos.

Cuando hallado algún defecto en sí mismos, debemos analizarlo cuidadosamente; abrirlo, repito, con el bisturí de la autocrítica; esto es posible a base de la autorreflexión evidente del Ser, en meditación de fondo.

Una vez comprendido íntegramente el defecto en cuestión, entonces debemos desintegrarlo atómicamente.

La mente, por sí sola, no puede alterar radicalmente ningún defecto; puede pasarlo de un nivel a otro del entendimiento, esconderlo de sí misma y de los demás; justificarlo o condenarlo, buscarle evasivas, etc., mas nunca alterarlo radicalmente. Se necesita de un poder que sea superior a la mente.

Afortunadamente, ese poder existe, se haya latente en las honduras de nuestro Ser. Quiero referirme ahora, en forma enfática, a la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes: Isis, Adonía, Rea, Cibeles, Tonantzin, o la Casta Diana, o Marah (no importa su nombre).

Existe, sí; no está fuera de nosotros, no, sino dentro. Obviamente, tal poder flamígero es una variante de nuestro propio Ser, pero derivado.

Si nosotros en la meditación de fondo pedimos auxilio a Devi Kundalini Shakti, la mística Serpiente de los Grandes Misterios, seremos asistidos.

Ella puede pulverizar cualquier agregado psíquico, si es que ha sido previamente comprendido en todos los niveles de la mente, y una vez aniquilado, surgirá en reemplazo alguna virtud del alma, alguna característica nueva, alguna ley, algún don especial, alguna cualidad; por este camino indicado, se consigue quebrantar cualquier agregado.

Indubitablemente, si logramos la destrucción absoluta de los diversos elementos psíquicos indeseables, habrá cristalizado en cada uno de nosotros, la totalidad del alma.

Esto nos indicaría que la esencia, enriquecida con todos los atributos anímicos, podría a su vez vestirse con el Soma Puchikon, que es el vehículo del alma, el Traje de Bodas [del Cordero].

Así es como en realidad nace el hombre celestial en nosotros; éste ya no estará prisionero en el cuerpo, repito.

Recordemos aquéllas palabras de San Pablo, cuando nos dice: Conocí a un hombre que fue llevado al Tercer Cielo, donde vio y oyó palabras y cosas indecibles, que a los hombres no les es dable comprender.

Pablo fue llevado en el Soma Puchikon, como Hombre Espíritu, como Hombre Etérico, y de hecho conoció las maravillas del universo.

Así que, mis queridos amigos, esta noche los he invitado a ustedes, cordialmente, a cristalizar en cada uno, eso que se llama alma.

Hasta aquí mis palabras, hasta aquí la presente plática; sin embargo, doy la oportunidad para que los que quieran preguntar algo en relación con el tema, pregunten. Eso sí: sin salirse del tema.

─Maestro: háganos por favor una aclaración, o háganos una ampliación sobre la muerte de momento en momento. Por ejemplo, cuando uno

anda por la calle y tiene la necesidad de pedir por la muerte de un yo, ¿es necesario ponerse a meditar en la calle o cuál es el sistema? Bueno, la calle no es precisamente una de las siete maravillas del mundo como para poder uno entregarse a la meditación, pero sí puede tomar nota del defecto psicológico que en la calle le ha asediado. Ya en casa, por la noche, a tiempo de acostarse, entregarse a la meditación.

Bastará relajar el cuerpo físico, en su cama, acostado boca arriba, respirando rítmicamente, imitando más bien la respiración de los niños recién nacidos, y entonces así, en concentración perfecta y en meditación de fondo, reconstruirá la escena donde aquél defecto surgió; analizará el defecto cuidadosamente, sincera-mente, sin escapatorias, sin justificaciones de ninguna especie, y una vez que lo haya comprendido, entonces, se entregará a la oración.

No olviden ustedes aquélla frase latina que dice Bene Orace, Et Bene Laborace, es decir, “el que bien ora, bien trabaja” (orar es trabajar).

Sumergidos en profunda oración, pediremos a Devi Kundalini Shakti, la Madre Divina particular, individual ─porque cada uno tiene la suya propia─ que desintegre aquel agregado, ya comprendido en todos los niveles de la mente, y debe proseguir con una serie de sucesivos trabajos, hasta que el agregado psíquico en cuestión desaparezca. Este es el camino obvio a seguir.

EL SACRIFICIO Y LA LEY DE ENTROPÍA

La Ley de la Entropía es algo que está a la vista. Si ponemos una marmita llena de agua caliente junto a una marmita llena de agua fría, veremos cómo se precipita la entropía: hay un intercambio de calor y de frío, y por último, priva la entropía y ambas quedan iguales.

Millones de personas actualmente, por ejemplo, están metidas dentro del camino de la entropía; como no trabajan sobre sí mismas, cada día se vuelven mas imbéciles, la mente se les va atrofiando, los centros de la máquina orgánica cada vez están más degenerados, no les trabajan todas las áreas del cerebro y así llegará el día en que la ley de la entropía los igualará a todos allá abajo, en el Tartarus.

¿No se han fijado ustedes cómo iguala la ley de la entropía a la gente? A alguien lo pueden enterrar en un ataúd de oro y a otro en un ataúd de madera y por muy bonita que sea la sepultura, a la larga quedan iguales: tan “huesudos” el uno como el otro. La “Pelona” a todos los iguala, eso es obvio; esa es la entropía.

Así que, los humanoides que pueblan la faz de la Tierra, es decir, los bípedos tricerebrados o tricentrados, un día serán todos iguales: degenerados e incapaces; tan iguales, que apenas se distinguirá el uno del otro.

Y si vemos la Tierra, dicen que cada día va andando más despacio, es decir, que la rotación sobre su eje es así: cada día más lenta, debido pues a las altas mareas y al roce de las aguas.

Por otra parte, el Sol dicen que se va enfriando; tal vez sea así, pero sí digo que conforme la atmósfera terrestre se vaya enrareciendo, irá perdiendo la capacidad para analizar y descomponer los rayos del Sol en luz y calor.

La Luna, al paso que vamos, se irá alejando, si disminuye la velocidad de rotación (eso opinan y yo creo que sí; esa es la entropía).

Un día la Tierra será una luna más, la entropía la habrá igualado. Por lo pronto, veámosla como está marchando, toda bajo la ley de la entropía, cómo se encuentran los mares, ya están pues convertidos en basureros, peces moribundos, ríos contaminados, la atmósfera contaminada con smog, frutos de la tierra adulterados.

Los sabios, los pseudosapientes, que “todo se lo saben”, han acabado con los frutos verdaderos de la Tierra; ahora ya no encuentra uno ni manzanas para comer y le toca tragar “peroles” (“naranjas de California” sin semillas, ¿habráse visto cosa más estúpida?).

Claro, he ahí la ley de la entropía: los “sabihondos”, satisfechos de su “sabiduría”, sin saber que lo que han hecho es degenerar a los vegetales, haciéndolos marchar por el camino de la entropía. Al paso que vamos, las tierras se irán volviendo estériles.

Las explosiones atómicas, pues, acabarán de “hacer su agosto”. Con ellas y de proseguir así, un día la Tierra quedara igualada, entonces será otra luna.

Afortunadamente, la sabiduría del Teomertmalogos, lo tiene todo muy bien calculado; ya sabemos nosotros que sólo mediante la transformación es posible vencer a la ley de la entropía, pues la transformación incluye sacrificio; eso es ostensible.

Por ejemplo, si uno sacrifica el deseo sexual, esa fuerza nos provee de otra cosa: cristaliza dentro de él, en el Ser (cristaliza en los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser).

Si uno sacrifica la ira, aparecerá la gema preciosa de la mansedumbre; si sacrifica el ansia de dinero, la codicia insoportable, nacerá en uno, pues, el altruismo; si sacrifica la envidia, se manifestará en uno la filantropía, el deseo de trabajar por el prójimo, la alegría por el bien ajeno; es decir, que no puede haber transformación si no hay sacrificio.

El petróleo en una locomotora, por ejemplo, se sacrifica. ¿En aras de qué? De la energía que pone en movimiento todo el tren; eso es sacrificio.

Y si la máquina es de carbón, como eran las antiguas, se sacrifica ese combustible. ¿Para qué? En aras de la energía, en aras del movimiento del tren.

Sí, cuando uno sacrifica una fuerza inferior en aras de una superior, hay transformación.

Lo que pasa es que como el resultado es tan distinto, porque veamos por ejemplo: un combustible como el carbón, es distinto a la energía del ferrocarril; al ser sacrificado, se convierte en algo tan distinto, pues, a la energía que pone en movimiento al ferrocarril; es completamente distinta de la energía del carbón, son diferentes.

Asimismo, cuando un hombre sacrifica sus impulsos sexuales, el resultado de esa energía vienen a ser los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser (¿ven qué distinto, ven qué diferente es el resultado?).

Así pues, si se sacrifica durante el coito el esperma, la energía liberada da origen al hombre interior profundo y entonces se escapa uno de la Ley esa tan horrible de la entropía degenerativa.

La Tierra actual, por ejemplo, está completamente marchando de acuerdo con la ley de la entropía, y si no hay un gran sacrificio, quedará igualada el día de mañana, convertida en una luna más.

Pero como no se ha terminado el programa ─cada planeta tiene que tener sus siete razas, antes de convertirse en luna─ pues hay que hacer un gran sacrificio: se necesita la catástrofe, y el sacrificador va a ser el Teomertmalogos.

Se necesita una catástrofe, ¿para qué? Para poder transformarla, hay que sacrificar esta Tierra, esta humanidad; todo esto hay que transformarlo, sacrificarlo.

Se necesita una transformación, y como resultado de esa transformación de energías, resurgirá una Tierra nueva con su Edad de Oro y su belleza.

De manera que la catástrofe es una necesidad indispensable para poder vencer a la ley de la entropía. Si no hubiera esa catástrofe, la ley de la entropía, pues, terminaría igualando a la Tierra con la Luna, sería una luna más antes de tiempo; pero gracias a la transformación que se va a producir con ese sacrificio, que será una catástrofe, surgirá una nueva Edad de Oro y una nueva humanidad.

La Tierra, pues, está agonizando, la entropía la está llevando poco a poco hasta el final (esto lo puede saber cualquier persona que tenga un poquito de visión).

Sólo mediante la transformación se puede conseguir que todavía no se convierta en luna, que surja de entre el caos, pues, algo nuevo.

Pues sí, la transformación que se va a realizar se hará sobre la base del sacrificio y terminará con una gran catástrofe…

Cristo mismo se sacrificó en la Tierra Santa para vencer a la ley de la entropía, y al Dios Mitra lo ponían sobre un toro, con el cuchillo clavado sobre el lomo del animal; de la sangre que manaba del toro ese sagrado, brotaban las plantas y todo lo que es, ha sido y será.

Eso nos dice lo mismo: sacrificio, indispensable para la transformación, transformación urgente para trascender a la entropía.

Si uno no hace nada, si no se sacrifica para reducir a polvo los yoes, será el “tragadero” de la entropía.

Las gentes no quieren ahora sacrificarse (claro, no comprenden la Ley del Sacrificio).

Las gentes creen que la Tierra puede ser transformada sin sacrificio, lo cual es absurdo, pues si alguien por ejemplo, quisiera hacer una labor pero no se sacrificase, tarde o temprano entrará la entropía en la Tierra y fracasará su labor; pero si uno comienza haciendo una labor sobre la base del sacrificio, producirá transformaciones incesantes y su obra crecerá y será fecunda sobre la Tierra. ¡Así será!

Debe empezar por sacrificar uno aunque sea sus propios sufrimientos.

Yo les aseguro a ustedes que la gente está dispuesta a sacrificar sus placeres y hasta sus vicios, su dinero, pero menos nunca sus sufrimientos.

La gente quiere mucho a sus sufrimientos, sus dolores; los quieren demasiado, todo lo sacrificarían menos sus sufrimientos (¡eso sí que no!).

Si uno empieza por sacrificar los sufrimientos, puede dar un nuevo paso y vencer a la ley de la entropía.

¿Quién de ustedes está dispuesto a sacrificar sus propios sentimientos, a sacrificarlos por algo superior? En realidad, nos sacrificamos para portarnos mal.

Yo, por ejemplo, no andaba pensando en el sufrimiento jamás, sacrificaba todas esas cosas que quieren mucho las gentes.

A la gente le encanta hablar de sus experiencias, de los sufrimientos por los que pasaron, de las amarguras posibles, de lo “yo voy a ser”, de “lo que soy yo gracias a haber sufrido tanto”…. Raros son, en verdad muy pocos, los que están dispuestos a sacrificar sus sufrimientos.

Sí, observen a las gentes, mírenlas y verán que no son prácticas; observen la psicología de las gentes y verán cómo quieren sus sufrimientos, cómo gozan recordándolos: “Cuando yo pasé por tantas y tales cosas, cuando vendía periódicos en la calle para llegar un día a ser lo que soy, el Dr. Fulano de tal, el poderoso señor, yo, que vendía periódicos, yo que dormía en los andenes”…

La gente es así: se quieren demasiado a sí mismas y a sus dolores, las gentes tienen necesidad de sus propios sufrimientos.

Sí, y gozan con eso. Los ricos, mientras más poderosos y felices, tanto más recuerdan sus propios fracasos, sus propios sufrimientos (de cuando en cuando) y se sienten autoimportantes recordándolos.

Erradiquen esas cosas de su personalidad, todo se transforma mediante el sacrificio. Sacrifiquen sus propios sufrimientos, erradiquen de sí mismos los yoes que los produjeron y quedarán sacrificados los sufrimientos; los yoes de los sufrimientos hay que desintegrarlos, hay que pulverizarlos, volverlos “cisco”, y esa energía que resulta de ahí, produce una transformación de donde nace un hombre diferente, que vence a la ley de la entropía.

Allí tenemos la Luna; el que vence y muere, puede investigar en el interior, en la “panza” de la Luna, lo que sucede en las entrañas de nuestro satélite. Allí verán los restos de millones de yoes selenitas que pertenecieron a gentes de tipo lunar, cuando ese satélite estuvo habitado.

Sí, un día estuvo habitado ese satélite, hace tiempo, mucho antes de que esta Tierra en que vivimos existiera.

La Luna es muy antigua; cuando tuvo vida de verdad, pues tuvo gente también, humanidad, y hoy en día encuentra uno los restos de los yoes selenitas en los mundos infiernos lunares (son todos iguales, no se distinguen el uno del otro).

¿Quién los igualó completamente? La ley de la entropía, en la misma forma en que iguala dos cadáveres a la larga, aunque uno haya sido sepultado en “cajita de oro” y el otro en “caja de palo”.

A la larga quedan iguales todos: la ley de la entropía se encarga de igualar a los ricos y a los pobres y a todo el mundo; ¡esa es la cruda realidad de los hechos!

Así que, si uno nada cambia, si uno nada transforma, si no sacrifica algo, se lo traga la ley de la entropía, eso es obvio. Vale la pena reflexionar, pues, en todas estas cosas.

Maestro: ¿una ley superior lava a una ley inferior? En otro instante podemos afirmar eso, pero no es lo que estamos planteando en este tema.

Sin embargo, podemos decir (y quiero que lo pongan entre comillas y subrayado), que “cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava a la ley inferior”.

Para que una ley inferior sea trascendida por una ley superior, se necesita que la ley inferior sea sacrificada por la ley superior, y cuando se sacrifica viene la transformación, y la transformación convierte a ley inferior en superior.

Venerable Maestro: se necesitan dos razas más, la sexta y la séptima, y como se necesitan, ¿hay una ley superior que va a ocasionar los sacrificios? Es decir, ¿quedaría “lavada” la ley de la entropía?

La entropía, a la larga, sólo produce desórdenes, como lo vemos nosotros entre los átomos y moléculas de un cadáver en descomposición.

En una biblioteca, por ejemplo, si no se limpia, si no se pone un orden, pues se va amontonando libro sobre libro, papel sobre papel, y a la larga eso es un caos que nadie entiende, un desorden.

En cambio, en una transformación es diferente; todo: en la transformación se produce un orden, un orden atómico.

Hay una fuerza ordenadora en todo universo y por eso en toda molécula del universo encontramos orden: en los pétalos de una flor hay orden, en los protones y electrones de un átomo hay orden.

Obviamente, si existe orden en un átomo, en una molécula, entonces quiere decir que hay una fuerza ordenadora; porque yo no podría concebir un orden en una molécula de cobre o de almidón, sin una fuerza ordenadora.

Al haber una fuerza ordenadora, tiene que ser una fuerza inteligente, porque yo no podría aceptar jamás una fuerza ordenadora surgida del “acaso” (el “acaso” no es inteligente).

Ahora, si el “acaso” es capaz de producir una fuerza ordenadora, indudablemente ese “acaso” deja de ser “acaso”, se convierte en un principio inteligente.

Sí, por lógica exacta podemos decir que el principio directriz ordenador que fue, que es, ha sido y será, es el Demiurgo Creador.

Sólo esa fuerza ordenadora maravillosa, que puso en actividad el universo, puede realizar transformaciones extraordinarias.

Mas si uno no utiliza esa fuerza ordenadora, entonces la ley de la entropía, poco a poco, va produciendo el desorden de las moléculas, el desorden de los átomos, el desorden de la mente, el desorden de los principios psicológicos y así terminaremos todos igualados, convertidos en algo que no tiene la menor importancia.

¡Esa es la cruda realidad de los hechos!

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